Hotel Tierra Patagonia (Torres del Paine), paraíso de hedonistas

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Hace un par de meses escribía sobre la prodigiosa naturaleza de las Torres del Paine, probablemente uno de los parajes más bellos del mundo (al menos, el más bello que yo he conocido hasta la fecha). Por si el impactante paisaje no fuera suficiente – que sí lo es –, el parque cuenta con un alojamiento brillante combinación de arquitectura, vistas, ubicación, diseño, servicio y gastronomía, que redondea la experiencia hasta hacerla inolvidable. Se trata del Hotel Tierra Patagonia [ubicación].

En el inmenso yermo que se extiende a espaldas de las aguas turquesa del Lago Sarmiento, la chilena Cazú Zegers erigió un edificio que se mimetiza perfectamente en el ambiente, como una duna más de las que el viento esculpe a orillas del lago, un punto cercano que, al acercarse por primera vez, otorga profundidad a la sobrecogedora vista del Macizo del Paine sin restarle un ápice de protagonismo. Un edificio casi invisible, pero al tiempo muy elegante.

La lenga es un árbol también conocido como el roble de Tierra del Fuego. Cabalgar entre los densos bosques que crea en las proximidades de los lagos del Paine es un auténtico placer (y a los gallegos nos lleva mentalmente a nuestras fragas atlánticas, a nuestras carballeiras). La lenga presta su madera a casi cada rincón del hotel: exteriormente, contribuye a su integración en el paisaje; en su interior, le otorga calidez y distinción.

La duna del hotel está orientada al Lago Sarmiento y al Macizo del Paine. Desde cualquier lugar de las zonas comunes, desde la cama en la habitación, desde la piscina cubierta, la inmensa cristalera impide que te fijes en algo que no sea esa inigualable vista. En el verano austral, es un gusto dormir con la ventana descubierta, esperando el filtrarse de los primeros rayos de sol – muy, muy temprano – apenas con fuerza para entreabrir tus somnolientos ojos: entre las sábanas blancas, te despiertas para contemplar cómo el amanecer ilumina, rojizo, las cumbres nevadas del macizo. Solo ese momento justifica el largo día que está por venir.

A la vuelta de la excursión de la jornada, probablemente seis u ocho horas de caminata por la montaña, llega el momento del relax en la piscina, mientras el viento sopla, fortísimo, en el exterior. Creo que la foto que sigue a estas líneas hace innecesaria cualquier palabra adicional.

Tras el baño, ya vestido para la cena, sales de la habitación hacia los espacios comunes (la Wifi del hotel no llega hasta las habitaciones; además, solo hay un televisor en todo el hotel, en una sala habilitada al efecto que nunca pisamos: un escenario ideal para desconectar del mundo, casi sin cobertura de celular). La zona común es un espacio abierto, diáfano, los techos altos y el gran ventanal. Sin solución de continuidad, el comedor deja su lugar al bar y éste a la zona de descanso junto a la chimenea.

En los sofás, en los sillones, en las sillas junto a la enorme cristalera, los huéspedes (una treintena de habitaciones) toman una copa de vino o un cóctel al tiempo que navegan por Internet o consultan el correo en sus tablets: es prácticamente el único momento on line del día. El hotel es un todo incluido, que además de la pensión completa incluye consumiciones ilimitadas entre horas (no está nada mal el vino de la casa: la gama Corralillo de Viña Matetic y Veramonte, si no recuerdo mal, para las cepas que no cubre aquella; además, varias interesantes cervezas artesanas de la zona, espumante y coctelería variada). La copita previa a la cena, ya el sol empezando a ponerse, es otro de los instantes para hedonistas.

Sin ser sobresaliente, tiene un buen nivel la oferta gastronómica del Tierra Patagonia. Tanto el almuerzo – sustituido buena parte de los días por un picnic campestre en medio de la caminata por la montaña – como la cena presentan dos opciones para el entrante – normalmente una ensalada y un plato de cuchara – y dos para el fondo – un pescado y una carne –, además de una alternativa totalmente vegetariana. Platos bien elaborados y presentados, opciones suficientemente variadas para una estancia de una semana, buen producto, los pescados en general pasados de punto y las carnes bien tratadas si se advierte la preferencia. En el recuerdo, unas memorables chuletas de cordero patagónico, la especialidad del chef.

Tras la cena, café o copa junto a la chimenea y charla con los guías sobre la caminata del día siguiente. Un nuevo punto fuerte del hotel: la variedad de excursiones – a pie, en auto o a caballo – que se ofertan y el trato ameno y profesional de los guías. Otro momento de pequeño pero reconfortante placer: acercarte a la camioneta al terminar tu caminata de la jornada y encontrarte con fruta fresca preparada y cerveza helada. Se te quita el cansancio ipso facto.

En fin, se agotan los adjetivos a estas alturas. Un hotel de lujo en un entorno de ensueño es la síntesis más apropiada que encuentro. O, de una manera menos poética: nunca había pagado tanto dinero por la estancia en un hotel, pero nunca había sentido ese dinero tan bien empleado. Ya estoy empezando a ahorrar para una nueva visita a las Torres del Paine en el Tierra Patagonia.

Para cerrar, quedaos con el vídeo de presentación del hotel a modo de colofón (vedlo a pantalla completa y en alta definición).



[La primera y la tercera foto son mías. Las restantes, tomadas de la web del hotel]

3 comentarios:

  1. que buena pinta....

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  2. FA-BU-LO-SO
    No se si iria expresamente hasta ahi para aislarme del mundo,pero el video me dejo out.Que bonita presentacion y puesta en valor del lugar.La verdad teniendo en cuenta el todo inclusive y la exclusividad de este hotel sus precios son relativamente correctos.Espero que puedas volver a disfrutarlo.
    Un saludo desde Ginebra

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  3. ¡Absolutamente fantástico! Gracias por compartir tu experiencia, y en una narración tan bien pensada y escrita además. Ya me quiero ir...

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