El espacio central - alto, ligero, pero abarrotado de gente - es una selva en la que los depredadores - los encargados de los negocios de restauración - acechan a la caza del turista despistado. Con éxito, a la vista de los centenares que a todas horas degustan las propuestas de los restaurantes.
Yo caí también, por supuesto, que a eso íbamos. Y, acompañado de una generosa jarra de cerveza, di cuenta de unas machas (suerte de almejas) a la parmesana - receta bastante popular por estos pagos - y de unos choros zapato a la ostra. Esto último quiere decir unos mejillones de enorme tamaño abiertos al vapor; tan grandes que entran tres en una ración; pero, para mi gusto, la intensidad de su sabor es inversamente proporcional a su tamaño. Todo ello por unos 15.000 pesos, que vienen siendo unos 23 euros.
Pero lo más interesante del mercado está fuera del patio central. En los estrechos pasillos laterales, se extienden decenas de puestos de pescado y marisco. Haciéndose hueco entre el gentío y entre los hiperactivos tenderos, se pueden contemplar congrio negro y colorado, reineta, corvina, róbalo (más pequeño que el gallego), salmón, merluza, pejerrey, albacora, mucho jurel y me imagino que atún cuando no está en veda; pero también machas (almejas), choros (mejillones), ostiones (ostras), lapas, erizos y otras especies que no existen en España, como los locos y los picorocos. Un espectáculo que merece la pena visitar. Ah, y los precios son bien contenidos: sólo las piezas más caras alcanzan los 5.000 pesos (unos ocho euros) el kilo.
[Mercado Central / San Pablo 967 / Ubicación]
galicianacasa.com es una tienda en línea que vende, principalmente, pescado y marisco fresco. Hace un par de semanas encargué mi primer pedido con ellos para el sábado: camarones y centollas. De estos últimos vinieron un par de hermosos ejemplares de casi dos kilos cada uno: las patas bien llenas; los cuerpos prietos, sabrosos; el carro abundante, oscuro, denso, repleto de corales en uno de los casos. Los camarones, por su parte, de buen tamaño y saltando enérgicamente de la caja, como resistiéndose a su futuro. Un kilo largo del que dimos buena cuenta.
galicianacasa.com no se limita a distribuir el producto de la lonja. De hecho, los descubrí gracias a David, mi carnicero de referencia, cuyo producto se puede adquirir a través de la misma web (de hecho, yo no opté por el envío a domicilio, sino que fui a recoger el pedido a la carnicería). Y, claro, la cosa no podía quedar únicamente en pescado y marisco.
Los chuletones de casi un kilo cada uno eran espectaculares. Me contaba David que procedían de canales de clasificación "U", según la norma europea, algo poco frecuente en la oferta de las carnicerías. El resultado, asados con cariño y paciencia en la parrilla, os lo podéis imaginar.
El producto de galicianacasa.com no es barato. No puede serlo (en el momento de escribir este post, el Kg de centolla grande se vende a 34,50 € y el de camarón mediano a 64,80 €). Es evidente que la calidad hay que pagarla. Y si, además, te la ponen directa de la lonja en tu casa...
Situada justo enfrente del mercado, la tienda ocupa un largo sótano. Al terminar de bajar las escaleras, lo primero que llama la atención es la moderna decoración, en tonos de madera clara y con luces indirectas muy tenues, todavía más en la zona de bodega. Al fondo, unos paneles ocultan el acceso al showroom que Pao de Toxo pone a disposición de sus asociados (quienes disfrutan también de un descuento sobre el PVP en sus compras).
La selección de productos es bien interesante. Según entras, a la izquierda, la bodega presenta unas ciento cincuenta referencias de muy diversas DOs. Los representantes gallegos son notables, aunque yo agradecería que su peso en el conjunto fuera mayor. Llama la atención, más adelante, la cámara de quesos, con fuerte presencia de ingleses y franceses. Asimismo, es completa la oferta de aceites, foies o confituras, entre otros productos.
Pao de Toxo es una tienda degustación. Quiere esto decir que uno puede llegarse por allí con sus amigos, comprar una botella de buen vino y un queso o unas conservas, tomárselos y pagarlos a precio de tienda. Lo cual está francamente bien. Además, diversas actividades completan la oferta del local.
Mi visita fue bien breve, poco más de diez minutos. Suficiente para que, amablemente, me enseñaran la tienda completa y me contaran lo que os he resumido en estas líneas. Cayeron un par de piezas, of course. Una botella de Lobarzán IS 2009 y un quesu Afuega'l Pitu, Rey Silo (que preparé, por cierto, sobre una tosta con algo de tomate, unos minutos al horno, y rematado con un chorrito de aceite).
Creo que no tardaré en volver para bajarme una botellita en buena compañía.
[Pao de Toxo / Plaza de Lugo, 23 - 981.907442 / Ubicación]
(Las fotos son tomadas de la página en Facebook de Pao de Toxo)
Un pequeño bocadillo de ensalada caprese: pan de cereales, mozzarella, tomate y albahaca. Fresco y sabroso. Hamburguesa gallega gourmet: ternera gallega, gorda y rojita; queso del país fundido; tomate y cebolla en buen pan; al lado, rodajas de patata de Coristanco cocida (ocho euros y pico). Tarta banoffee para cerrar: fondo de galleta, dulce de leche, plátano y nata montada. Ligera poco, pero rica mucho. Para volver con calma y hacerle un post.
[Pandelino / Rosalía de Castro, 7 - 981.207584 / Ubicación]
(Foto tomada del Facebook de Pandelino)
Lo de ayer, en principio una parrillada más, fue espectacular. Cuando llegué a recoger la carne, me enseñaron esa falda mini, perteneciente a una ternera gallega suprema de apenas cinco meses y convenientemente curada en la cámara (no tanto como en El Capricho, claro). Rosita, magra, tierna tiernísima. Me esmeré con la brasa y quedó una cosa espectacular, sublime: el humilde churrasco convertido en objeto de devoción.
Siempre que necesito carne llamo con unos días de antelación. De este modo, tengo a mi disposición cualquier corte, de una calidad excelente. En la foto, a modo de muestra, unas chuletas de las que dimos buena cuenta este verano.
[Carnicería Ferreiro / Areal, 4 - Perillo (Oleiros) / 881.963591 / Ubicación]
Tras una sesión técnica en el auditorio, en la que repasamos presente y futuro de los quesos gallegos - y en la que aprendimos, por ejemplo, que Galicia produce la cuarta parte de los quesos con D.O.P. de España -, pasamos directos a la práctica visitando la quesería Don Crisanto, en la parroquia de Lanzós, una de las once activas en la D.O.P. Seguimos el proceso de enmoldado que le da su forma característica; el ahumado con madera de abedul, tan abundante en la zona, que impregna el queso con ese aroma tan especial; y la curación, al menos 45 días para el tamaño grande y de 30 para el "bufón", de unos 600 gramos por unidad.
Es precisamente el de la curación el aspecto que puede marcar la evolución comercial del queso de San Simón da Costa. Mientras el producto estándar - el que podemos encontrar en la distribución - es de 45 días, alguna quesería comercializa versiones de 90 y 180 días, que tuve oportunidad de probar en mi experiencia anterior por la zona. En la visita a Don Crisanto, catamos quesos de seis meses y un año, éste último probablemente en el límite de su recorrido. El potencial de envejecimiento del queso sólo espera una iniciativa empresarial para explotar.
Pero no todo iba a ser teoría, claro. Entre la sesión técnica y la visita a la quesería, disfrutamos de un menú degustación a base del queso de la mano de Marcos Domínguez, chef del Parador de Vilalba. Unos aperitivos, entre los que destacaron unas suavísimas croquetas de caponciño y San Simón. La vieira crujiente sobre crema de San Simón y Tramezzino de grelos, notable de sabor aunque demandaba menor presencia del crujiente para no eclipsar el molusco. Un muy notable rape negro con risotto de San Simón y aire de codium (ramallo de mar). Y un solomillo de ternera gallega relleno de San Simón con reducción de Mencía. Para cerrar, el semifrío de San Simón montado en bica de maíz con crema de membrillo. Un ejemplo de la versatilidad en la cocina del queso de San Simón.
En fin, ya lo decía Manuel María, el bardo de la Terra Chá: "os queixos de San Simón son a cousa máis sinxela / ¡teñen feitura de pico e saben a pastorela!"
Y hablando de A Terra Chá, el Grupo de Desenvolvemento Rural da Terra Chá organizó, la víspera, una jornada para dar a conocer los activos turísticos de la comarca. Pero ése será otro post...
Otras visiones: Capítulo 0, Colineta, Comer e Falar, La Cocina de Lechuza, Gastronomía & Cía.
Recientemente han incorporado a su catálogo las dos empanadas que preparan: la de atún y la de carne. Lo más destacable es que, por su envase, aguanta hasta dos meses en el frigorífico, lo que resulta muy cómodo para conformar, en sus mismas palabras, un "fondo de nevera" para esas ocasiones previstas o imprevistas.
Las empanadas pesan algo menos de medio kilo y se presentan con la apariencia tradicional. Aunque se pueden tomar en frío, tras un ratillo fuera del envase, yo preferí pasarlas cinco minutos por el horno precalentado a 180º: siempre me ha gustado la empanada calentita.
La empanada de Kentes no es ésa mágica de pulpo de Ons con pan de millo, pero se toma bastante bien. Sobre todo, el relleno se mantiene bastante jugoso y la masa es suficientemente ligera. Desde luego, es una muy buena - y cómoda - solución para el aperitivo o la merienda: quedas francamente bien con las visitas si pones una empanada calentita con la cerveza. A mí me gustó más la de atún, el cuerpo siempre me pide rellenos que vengan del mar, aunque el toquecillo a chorizo de la de carne tenía su aquel.
Ojalá le vaya muy bien a Kentes. Como Benboa, Porto Muíños, Arela o La Pureza, me encanta que las empresas gallegas salgan adelante en materia gastronómica, y si es con productos de la tierra, mejor.
La idea de Benboa es tan sencilla como innovadora. En 48 horas te ponen en tu casa platos preparados de la cocina tradicional gallega. Ni más ni menos: innovación y tradición, como reza en su web. Presentados en raciones de 350 gramos, los platos llegan envasados en unas barquetas que puedes aguantar unos 20 días en la nevera. La preparación no puede ser más sencilla: dos minutos en el microondas y listos para comer. Chipirones rellenos, zamburiñas churrascadas, chocos en su tinta con arroz, merluza al albariño, raya a la gallega, jarrete de ternera al mencía o flan de queso son algunas de las opciones que se pueden comprar en la tienda online.
La milhoja de pulpo y queso San Simón está realmente muy lograda. Pasta negra en la base y las capas de pulpo y queso sobre ella. Un poco de sal gorda, pimentón y un chorrito de aceite al salir del microondas y a comerla bien calentita con una copa de vino. Estupenda.
A la noche siguiente nos zampamos el bacalo con grelos. Un lomo de bacalao bien de punto, un par de patatas cocidas y un manojito de grelos, todo ello con una salsa a modo de un pil-pil ligero. Bastante bueno, quizás los grelos un poco insípidos.
Y la tercera fue la noche del pulpo guisado. Un buen tentáculo acompañado por una muy rica salsa a base de patatas, cebolla, ajo, tomate y pimiento, hecha en el agua de la cocción del pulpo. Estupenda de sabor, puro recuerdo a las salsas de guiso de toda la vida, aunque al pulpo no le habría venido mal algo más de cocción.
Con el paquete nos vino de regalo una ración de 500 gramos de arroz con leche. Cremosito y dulzón (yo me lo serví espolvoreado con abundante canela), como a mí me gusta, nos dio para el postre de los dos un par de días.
Los precios me parecen razonables. Las tres raciones no llegaron a dieciseis euros, poco más de cinco cada una. Por su tamaño, son más que suficientes para la cena de una persona; incluso, con algún acompañamiento, dan para compartir entre dos si se quiere ir ligerito para la cama. Los gastos de envío, si el pedido es inferior a 60 €, son de cinco euros.
En definitiva, creo que me voy a hacer un fiel de benboa. Desde mi punto de vista es una gran combinación que aporta, por un lado, sencillez y comodidad (tanto por la preparación como por el envío a domicilio); por otro, la posibilidad de disfrutar de recetas tradicionales con una calidad y un sabor muy por encima de lo que uno puede esperar de comida preparada; y, finalmente, por un precio bastante razonable. Os recomiendo que os animéis a probar.
En nuestro pedido vino una pieza de 2,7 Kg de solomillo summum de vaca, muy sabroso y tierno como la mantequilla. No exagero si digo que casi se cortaba con el tenedor.
Pero la joya de la corona era el par de entrecots de buey summum de casi 1,2 Kg de peso cada uno, procedentes de un animal originario de Rañobre - Arteixo, A Coruña - sacrificado un mes y medio antes. Diez centímetros de grosor, un rojo cereza reluciente y la carne veteada de grasa, como si de ibérico se tratara. Os dejo un par de fotos para que juzguéis vosotros mismos.
Para ser realistas con las cantidades, dividimos la carne entre la cena de fin de año y la comida de año nuevo. Para la primera, preparamos el entrecot en la plancha - un golpe de calor muy fuerte por ambas caras para sellarlo - y luego algo más de diez minutos al horno, para darle temperatura pero dejando la carne totalmente roja.
El día uno, aprovechando que el tiempo dio una tregua, preparamos el segundo entrecot a la parrilla. Una vez la brasa estuvo preparada, pusimos la carne muy pegadita a la misma durante un par de minutos, para luego elevarla unos veinte cm - todo lo que daba la parrilla -, de modo que se fuera haciendo poco a poco durante media hora. Al final, otro toque de calor muy breve.
El resultado fue excelente en ambos casos, pero realmente excepcional en el caso de la parrilla. Con el aroma que le pasa la leña, la carne muy ligeramente tostada por fuera y totalmente roja por dentro - aunque no sangrante, por el tiempo de cocción -, fue un auténtico placer devorarla con unas patatas preparadas al horno - también muy lentamente, tres horas al horno con limón, romero, tomillo, cebolla y ajo -.
El pedido lo hice el lunes 28 a través de la tienda online de Galcarnes. Me lo entregaron en casa, envasado al vacío, el miércoles 30. El precio del entrecot de buey summum es de 56 € + 7% de IVA el Kg; el solomillo de vaca summum se compra a 21,55 € + 7% de IVA el Kg. Existen numerosos cortes, diferentes animales (buey, vaca, ternera) y distintas calidades, con productos que empiezan a unos 4 €/Kg, como la lengua o el rabo de ternera. Los gastos de envío son de siete euros y pico.
Obviamente, en estas tan señaladas fechas en cuanto a celebraciones gastronómicas se refiere, no puedo - no debo - dejar pasar la oportunidad de probar tan significada joya, y más siendo de la tierra. Así que ya me he marcado el correspondiente pedido, a saber: dos quilos de entrecot de buey summum y otros tantos de solomillo de vaca summum. Ya os contaré.
Tomo prestada alguna foto de la web de Galcarnes, confiando en que no les importe que os muestre alguno de los bichiños, porque merece la pena. (En concreto, el ejemplar llamado "8851" pesa la friolera de 1.600 kilos).
Especialmente me llamó la atención el aspecto visual de la carne del buey summum (la foto también es de Galcarnes), absolutamente veteada de grasa al estilo del mejor jamón ibérico. Para que la grasa realce el sabor y le dé la máxima "jugosidad" a la pieza, desde Galcarnes recomiendan cocinarla cerca de media hora suspendida a unos 25 cm sobre el fuego, para que se vaya calentando poco a poco, antes de terminarla directamente sobre la lumbre.
Y ya puestos a fardar, nadie pondrá en duda ahora que Galicia es la cumbre gastronómica del planeta. Imaginaos el siguiente menú para Nochevieja, crisis mediante: unos percebitos de la Torre, del Roncudo o de Cedeira, que eso es lo de menos; un buen blanco, cualquiera de los nuestros, digamos un Godello de Valdeorras; un chuletón, entrecot o solomillo del mejor buey del mundo, el de Monforte; un mencía de la Ribeira Sacra de los que viene entusiasmando a Parker; y cualquier postre de la tierra, por ejemplo filloas y requeixo, regados eso sí por un tostado natural del Ribeiro. Y como no todo es perfecto, de momento no me voy a atrever con el espumoso Rías Baixas.
Hace unos cuantos meses, Suso y María nos descubrían, en A Parada das Bestas, el queso de Arqueixal - vecinos suyos - en diversas preparaciones. El día que nos marchamos, nos dieron las indicaciones para llegar hasta la tienda/explotación, de la que nos llevamos un par de quesos cremosos y yogur. Esta misma semana, en la Casa do Romualdo, pudimos volver a probar ambas cosas y, como no podía ser de otro modo, dimos un pequeño rodeo de camino a casa para abastecernos.
No es fácil encontrar la tienda de Arqueixal, en la remota parroquia de Albá, a unos kilómetros de Palas de Rei. Enfrente de la vieja iglesia, la casa familiar casi se funde con la pequeña tienda, anexa a la granja. Esta vez nos llevamos un queso cremoso, recién hecho (en Arqueixal los preparan con diferentes puntos de sal para que el queso aguante más o menos horas de viaje hasta la nevera del comprador); un queso de nabiza, curado (el nuestro tenía, en el momento de comprarlo, poco más de un mes: esperaremos al menos diez días para empezar a degustarlo); y dos botes de yogur, absolutamente delicioso, tan suave que ni un larpeiro como yo necesita azúcar para tomarlo.
Espero, de verdad, que opciones alimenticias como las de Arqueixal sean cada vez más frecuentes y no, como cabría temer, bienes en peligro de extinción.
[Quesería Arqueixal / Santiago de Albá - Palas de Rei / Ubicación]
Del conjunto de diversos e interesantes productos, me quedo con el espectacular solomillo de salmón ahumado noruego (PVP 14,32 €). Un señor lomo de 600 gramos del que hemos dado buena cuenta en los últimos días: en ensalada, en taquitos con aceite de oliva o - lo que podéis ver en la foto inferior - en tostas con una vinagreta de yogur y romero.
Otro de los destacados es el pack de bogavante (PVP 14,73 €). Un bogavante completo - crudo y pelado - procedente de Canadá, que se presenta en tres piezas: cuerpo y las dos pinzas. Obviamente, no es el fresco de la ría gallega, pero sí una manera muy sencilla de preparar interesantes platos que se beneficien de la textura de la carne del bicho: no hay más que darle un hervor y preparar como se desee.
En nuestro caso, aprovechamos otro de los productos del lote. Preparamos un nido de algas, en concreto espagueti de mar - cómo no, de la gallega Porto Muiños (PVP 3,72 €, bote deshidratado de 100 g) -; le añadimos tomate crudo troceado con aceite de oliva; y, por encima, la tersa carne del bogavante. No era el plato de Casa Gerardo, pero sí una cosa bastante digna que apenas nos llevó unos minutos hacer.
Y el cuarto producto que quiero destacar son las vieiras. Al igual que los bogavantes, también son canadienses y se entregan congeladas, en una bolsa con dos docenas de bichos limpios de interesante tamaño (PVP 23,87 €, 1 Kg). De nuevo un hervor para dejarlas duritas y terminadas en la plancha, servidas con un caldo a base de cebolla, beicon y tomate. Muy buenas.
En definitiva, creo que Muy de Miguel es una muy buena alternativa para disponer en casa de productos que se escapan de lo común sin necesidad de complicarse en la compra. Para los que, como yo, el tiempo libre es más bien escaso, probablemente sea casi la única alternativa.
[El lote de productos llegó en un transporte refrigerado de Seur, embalado en una caja de porexpan: el pedido se sirve al día siguiente de la compra si se pide antes de las tres de la tarde. El coste del transporte es de 12 €.]
Hércules Delicatessen [ Franja 54 / 881.913520] es una nueva y joven apuesta que se ubica, curiosamente, en el meollo de la más tradicional zona de vinos coruñesa. En un pequeño local, con Judith y Javier al frente, se nota nada más entrar el esfuerzo por configurar una oferta diferente.
Debo decir que sólo he hecho un par de visitas relámpago; un vistazo más o menos rápido a la interesantísima selección de vinos - desde representantes de todas las DOs gallegas hasta varios Riesling de lo más sugerente - y un breve intercambio de impresiones, del cual se destila la enorme ilusión que hay puesta en la tienda. Queda en mi debe, pues, volver para conocer la oferta de alimentos. De los vinos, para que os hagáis una idea, el otro día salí de allí con tres botellas: Do Ferreiro Cepas Vellas, Quinta do Buble Barrica y Madai sobre Lías.
¡Mucha suerte!
[Debo decir que me llevé una pequeña decepción al ver en la bolsa de los regalos que había al menos una docena de tiendas Bartolucci en toda Italia. Y ahora, al escribir este post, veo que hasta tienen web, tienda online y establecimiento en Madrid. Pero la media hora de disfrute, de volver a tener seis años, no me la quita nadie]

























