Tanto el lounge del piso 20 como la terraza son espectaculares. Las vistas son inmejorables: al norte, los rascacielos del midtown, con su majestad el Empire State en primera línea; al sur, a lo lejos, la silueta de las moles del distrito financierto. Los cócteles ($14), bastante ricos. Y la música notable, en especial para los que frisamos la cuarentena.
El bar abre a partir de las cuatro de la tarde, pero la hora ideal para acercarse es el atardecer (ojo: si vais en fin de semana, el riesgo de que el local esté completo es alto). Si hace sol, el dorado del Empire dejará paso, poco a poco, a las luces de neón recortadas en el cielo que va oscureciendo. Un espectáculo; tanto como el del pijerío local que empieza a predominar cuando cae la noche. Y cuando hace fresco, como era el caso cuando nos acercamos por allí, las batas rojas que el local pone a disposición de sus clientes terminan de conformar una pintoresca estampa.
Imprescindible.
Después de tres estancias en la ciudad, los must see los conocemos bien, aunque seguro que intentamos volver a pasar por todos. En esta ocasión, y para eso os pido ayuda a través de los comentarios, queremos dedicarle algo más de tiempo a los barrios más alejados de las hordas turísticas.
Queremos volver a Brooklyn, ese extraordinario crisol de culturas, al cual le dedicamos un día completo en el anterior viaje. Especial atención nos merece Williamsburg, el barrio más in de la zona, con numerosos centros culturales y - para qué nos vamos a engañar - bares y pubs de lo más pintoresco, como el de la foto inferior. Queremos volver a patear Harlem. Y, si nos atrevemos, cruzar al Bronx.
En lo gastronómico, llevamos dos reservas de lujo. En nuestra primera noche, Momofuku Ko, que pasa por ser uno de los mejores japoneses fuera de Japón, y que además queda a unos pasos de St Marks Place, en pleno East Village, con una fauna nocturna absolutamente alucinante. Y en la segunda, wd-50, la casa del chef Wylie Dufresne, que también nos deja inmejorablemente situados para rematar la noche en los locales del Lower East Side.
Para el resto, rendiremos homenaje a las catedrales de la fast food neoyorquina. Repetiremos las hamburguesas del Burger Joint, tan deliciosas como repugnantes a la vista, como demuestra la foto de abajo. O los bocatas de pastrami de Katz's Delicatessen. Llevamos, esta vez, uno nuevo en la lista para descubrir: el Prime Burger de la calle 51.
Espero vuestros comentarios con pistas e indicaciones. ¡Gracias por adelantado!
Desde luego tomar el largo camino desde Manhattan sólo para visitar Nathan's no es algo recomendable. Pero si está previsto un paseo por Coney Island (en el marco de, ésta sí recomendable, una jornada conociendo Brooklyn), acercarse a saciar la curiosidad está bien. Las colas ante los mostradores, el overbooking detrás de ellos, el luminoso con la cuenta atrás hasta el siguiente Hot Dog Eating Contest (momento cumbre en el año cultural estadounidense, que se celebra el 4 de julio y cuyo ganador en 2009 dio cuenta de ¡68 perritos en diez minutos!)... En cuanto a los perritos, bueno, pues la gracia de comértelos allí.
[Nathan's Famous / 1310 Surf Av - Coney Island (Brooklyn) / Ubicación]
En mis dos viajes anteriores a la gran manzana estuve alojado literalmente a unos pasos de Times Square, primero en el Milford Plaza - colmena de minúsculas habitaciones en la que se enlatan cientos de turistas allí depositados por las mayoristas - y luego en el Paramount Hotel, que por entonces, hace ya cinco años, era gestionado por Meliá - esto ya no es así - y representaba una opción bastante buena.
Esta última vez tenía claro que quería alojarme en el Lower East Side. Es, junto con su vecino el East Village, la zona más in de Manhattan, con múltiples garitos y restaurantes de todo tipo: desde la alta cocina hasta las variedades étnicas más diversas. En el improbable caso de que a uno no le llegara su oferta, Greenwich Village y el Soho quedan "within walking distance".
Hace unos años no había hoteles en el Lower East Side, pero las buenas opciones ahora no son escasas: Thompson LES, Blue Moon Hotel, East Houston Hotel, Cooper Square Hotel, Bowery Hotel, GEM Hotel Soho... Lamentablemente, la mayoría comparte una característica: un precio elevado, que me hizo buscar otras opciones. (No conocía por entonces páginas como quickbook.com o, especialmente, travelzoo.com; dedicándoles un poco de tiempo - actualizan ofertas cada poco - se pueden conseguir buenos precios incluso para los hoteles anteriores)
En fin, todo este rollo para terminar, una vez más, a escasos cincuenta metros de Times Square. Esta vez en el Stay Hotel, un viejo clásico ahora remodelado y rebautizado por la cadena de Vikram Chatwal, quien por lo visto tiene un cierto nombre en NYC en lo que a hoteles chic se refiere. Toque de diseño al margen, el hotel cumple con los estándares que son de esperar por esta zona: habitación mini y equipamiento adecuado. Por 180 dólares la noche, impuestos incluidos, una alternativa económica (sí, sí, económica) y recomendable para quien quiera alojarse en el midtown. Aunque, según compruebo mientras esto escribo, sus precios se han elevado bastante.
[Stay Hotel / 157 W 47th St / Ubicación]
(Y, por cierto, al que tenga holgura económica le recomiendo The Standard, de reciente apertura en el no menos in Meatpacking District)
Tras una House Salad para abrir diente, compartimos una señora pizza de 18 pulgadas ($25) con mozzarella, queso pecorino, salsa de tomates de San Marzano, albahaca y tomate frescos, champiñones y aceitunas. Realmente estaba deliciosa: los ingredientes frescos - la albahaca, el tomate - le daban un toque estupendo.
Después de una rápida visita al horno para inmortalizarlo, saboreamos un par de espressos, pagamos $65 (unos 46 € con el cambio de ese momento) incluyendo propina y dos Stellas, y a seguir pateando la Gran Manzana. Las fachadas de hierro del Soho están a un paso...
[Lombardi's Pizza / Spring St 32 @ Mott St / Ubicación]
(Bueno, vale, quizás la pizza no sea fast food propiamente dicha. Pero forma un socorrido - para el bolsillo - cuarteto con las hamburguesas, los perritos y el falafel que uno siempre debe tener en cuenta en NYC. Por cierto, aunque no llegué a probarlo, dicen que el mejor falafel es el de Mamoun's, en el Village)
El local, efectivamente, tiene más pinta de bar de cualquier road movie americana que de otra cosa, barman con look de Kris Kristofferson incluido. Junto a la barra, apenas cuatro mesas bajo los amplios ventanales que dejan pasar la luz tamizada por los árboles del Village.
El Corner Bistro tiene una amplia selección de cervezas de barril, la gran mayoría estadounidenses. Y tiene la Bistro Burger ($6.75), impresionante trozo de carne con ese queso amarillo intenso, casi naranja, que tanto gusta por allí, aros de cebolla crudos, un par de rodajas de tomate y retorcido bacon crujiente. Con esos mimbres estaba buena, desde luego, pero para mí no tanto como la del Burger Joint. Quizás por su excepcional toque de grasientez, esta última resultaba más jugosa que la del Bistro .
En fin, de todos modos no dejéis de pasaros por el Corner Bistro. Su ambiente América profunda es digno de ser observado - el neoyorquino medio leyendo los deportes de su tabloide, con un ojo en la gran pantalla que da el partido de baseball, mientras Kris Kristofferson le sirve una nueva Bud -, está en el corazón del barrio más agradable de Manhattan y la hamburguesa merece la pena.
[Corner Bistro / 331W 4th St, West Village / Ubicación]
En este contexto, aporto mi pequeño grano de arena a la historia mundial de la falta de originalidad con la lista "trece lugares nada secretos de Nueva York" que nadie debería perderse. Y que conste que el orden es alfabético.
1. Calle 42. La calle por antonomasia. Los bulliciosísimos aledaños de Times Square y el Theatre District apenas a unos metros del oasis de tranquilidad - relativo - que es Bryant Park, con el Empire State al fondo y la Biblioteca reposando junto a la Quinta Avenida. Algo más allá, la Central Grand Station y el increible Chrysler Building. Al fondo, junto al East River, las Naciones Unidas.
2. Central Park. ¿Necesita algún comentario? Incluso en el más gris día de niebla y lluvia emboba a cualquiera.
3. Chinatown. Muy bonito no es, pero lo del regateo en los sótanos por el Patek Philippe o el Louis Vuittond de falsete; o la pintoresca oferta gastronómica en las tiendas del lugar bien merecen un buen garbeo.
4. Empire State ó Rockefeller Top of the Rocks. El eterno debate: ¿a cuál subir para disfrutar de Manhattan a vista de pájaro si no hay pasta para un paseo en helicóptero? El Empire State, además de las colas kilométricas, tiene un serio inconveniente: no se ve el Empire State. Eso sí, sea cual sea vuestra opción, al atardecer, por favor (no como hice yo).
5. Escaparates de la Quinta Avenida. La Quinta Avenida en su tramo más cercano a Central Park (entre la 50th y la 57th) es un desfile de tiendas de lujo, enmarcadas por la catedral de Saint Patrick al sur y el mítico Hotel Plaza al norte. Tiffany's, Prada, Armani, Bulgari, Cartier, Ferragamo, Gucci, ¡Zara!, los joyeros como Van Cleef & Arpels. Siempre me han fascinado los impresionantes escaparates de la tienda de moda Bergdorf Goodman.
6. Ferry a Staten Island. Ni locos se os ocurra chuparos la cola del ferry a Ellis Island y a la Estatua de la Libertad. Coged el ferry gratuito a Staten Island y disfrutad de veinte minutos de contemplación del skyline del sur de Manhattan. Casi podréis tocar a Lady Liberty.
7. Flatiron Building. Con el Woolworth's y el Chrysler, mi edificio favorito de Nueva York: el primer gran rascacielos, levantado cuando el siglo XX apenas había echado a andar.
8. Greenwich Village. Mi barrio favorito. Para pasearlo cuando cae la noche y poder vivir el contraste entre las desiertas calles de casas bajas arboladas y el bullicio permanente de tiendas, restaurantes y garitos de Bleecker Street. (Ejem, llovía demasiado como para sacar fotos, pero ésta del Strivers Row de Harlem como que da una idea similar)
9. High line & Meatpacking District. El extremo de la calle 14 junto al río Hudson denota el extraordinario dinamismo de esta ciudad. La High Line es la reciente recuperación de la tradicional vía de tren elevada, convertida ahora en paseo panorámico que se extiende - se extenderá cuando esté terminada - hasta la calle 34. La High Line arranca en el Meatpacking District, zona hasta hace no mucho de mataderos y ahora uno de los referentes en la noche neoyorquina. Es delirante la convivencia, en apenas unos metros, de industrias cárnicas todavía en activo y locales de lo más chic.
10. Puente de Brooklyn & Brooklyn Promenade. Nada que añadir a lo ya dicho en este post.
11. Soho. Los edificios con fachada de hierro forjado del Soho merecen también muy mucho la atención, en especial los ubicados en Green Street.
12. Times Square. En fin, qué queréis que os diga.
13. Wall Street. Bueno, ya que hemos venido hasta aquí, habrá que pasarse por el centro mundial de la especulación y el fraude, digoooo de los negocios, ¿no?
Eso sí, esta vez acudí convenientemente armado, cámara en ristre. Os dejo unas imágenes y un encarecido consejo: si vais a la gran manzana, no dejéis de visitar Katz's. (Pero no tardéis, porque la lujuria hotelera que poco a poco se impone en el Lower East Side amenaza el edificio de únicamente planta baja)
[Katz's Delicatessen / 205 East Houston St / Ubicación]
Aunque se conozca bien la dirección, hay que ir atentos para no pasarse de largo. La "clandestinidad" del local sólo es traicionada por un mínimo cartel en la fachada y por la inquietante presencia de un tipo duro con sombrero. Una vez dentro, paredes negras, luces muy tenues y jazz, al que apenas interrumpen conversaciones que son susurros.
Sentarse en la barra es lo más recomendable para no perderse ni pizca de las maniobras de los barmen con las cocteleras. Porque Death & Co es un bar de cócteles, con una carta espectacular. Una decena de variedades para cada licor: ginebra, ron, tequila, whisky, champán o brandy; de elaboradas y complejas combinaciones, a un precio medio de $12.
La carta publicada en su página web cuando escribo esto no coincide con la que tenían cuando estuvimos allí, así que no podré deciros exactamente qué fue lo que tomé. Pero era un combinado con ginebra, lima y miel - entre otras cosas - extraordinario. El daikiri que pidió mi mujer, más clásico, no desmerecía en absoluto. Y disfrutarlos ambos en el oscuro ambiente, casi en silencio - mientras disfrutas de las maniobras precisas, mecánicas pero espontáneas, de los dos barmen -, es trasladarse a otra época. A la época de la prohibición.
[Death & Co. / 433 E 6th St - New York / Ubicación]
Inmejorablemente guiados por nuestros amigos Tony y Carmiña - estadounidenses pero hijos de gallegos, ¡gracias! - arrancamos la mañana flipando con los impresionantes palacetes de los judíos sirios que pueblan la larguísima Ocean Parkway, avenida que nos lleva directos a la siguiente etapa: Brighton Beach.
Brighton Beach - la pequeña Odessa -, muy cerquita de la tranquila y familiar Coney Island, ofrece un panorama de thriller moderno. Las vías del tren por encima de la avenida, una multitud por las aceras, tiendas con toldos y letreros alternando caracteres latinos y cirílicos, clubes y garitos, dicen, de la mafia rusa.
Volviendo hacia Manhattan, Borough Park es la zona de la comunidad judía ortodoxa. A mí no deja de abrumarme cómo en pleno siglo XXI las tradiciones religiosas pueden llevarse tan lejos. Los niños pequeños ya llevan la vestimenta negra y esbozan las coletas por debajo del sombrero; las mujeres, con peluca o pañuelo, sólo pueden enseñar el pelo a sus maridos; es viernes por la tarde, y todos se mueven con ajetreo para ultimar las compras de cara al encierro del sabbat...
No muy lejos, en torno a la octava avenida, se sitúa el barrio chino, mucho más extenso y chino que el de Manhattan: ni una cámara, ni unas bermudas, ni un rostro occidental a la vista. Sin solución de continuidad, un par de avenidas más allá - muy cerca de Greenwod - los caracteres chinos son sustituidos por el reggaeton a todo volumen: llegamos a territorio portorriqueño.
De nuevo hacia la costa, en poco tiempo llegamos al hasta hace no demasiado temido Red Hook. Antiguo barrio portuario, entre viejos almacenes abandonados y fábricas en ruinas, emergen paulatinamente zonas residenciales para los adinerados, con unas vistas a la bahía inmejorables.
Pero, por supuesto, los blancos ricos tienen ya sus zonas totalmente consolidadas. Una de ellas es Brooklyn Heights, con pintorescas calles arboladas, viviendas de piedra roja y pasamanos de forja. Y, cómo no, con las mejores vistas, por encima de los últimos almacenes que esperan, pacientes, que las grúas se los lleven por delante para construir un parque.
DUMBO es la zona de moda para jóvenes parejas de alto poder adquisitivo. Nombrada a partir del amor de los neoyorquinos por los acrónimos (Down Under the Manhattan Bridge Overpass), alberga edificios nuevos estratégicamente ubicados al pie de los puentes de Brooklyn y Manhattan.
Más al norte, Williamsburg es un barrio joven, en el que las viviendas van de manera gradual sustituyendo a las fábricas, y en el que conviven multitud de etnias y razas. Poco a poco se va abriendo al mar, con parques junto al río como el de la foto.
Y, por supuesto, el símbolo de Brooklyn: el puente.











































