No me voy a extender en consideraciones sobre el monasterio; tenéis información en la propia web de Paradores y en el post de 2007. Pasear por sus claustros, pasillos y rincones (las antiguas cocinas, las terrazas sobre el bosque, los hornos exteriores) es envolverse en historia. Las habitaciones son amplias y acogedoras, envueltas en piedra y años. El desayuno bastante bueno y el comedor - las viejas caballerizas magníficamente recuperadas, igual que todo el edificio - absolutamente espectacular, bastante más que su cocina.
De la propia puerta del parador parte varios senderos para caminar entre bosques de robles y castaños. Se puede subir hasta Paradela. O descender hasta el río y luego regresar casi trepando hacia el hotel. Si tenéis la suerte de encontraros con una mañana cerrada de niebla, el paseo parecerá una suerte de evocación mágica de los tiempos del medievo en los que se construyó el monasterio.
Y a pocos kilómetros en coche, joyas como Santa Cristina de Ribas de Sil [Ubicación], San Pedro de Rocas o los grandiosos miradores sobre los cañones, Cabezoás [Ubicación] o los Balcones de Madrid [Ubicación]. Ahí es ná.
Una habitación doble en alojamiento y desayuno cuesta 120 € fuera de temporada. Se pueden encontrar ofertas por 86 € sin desayuno, algo no demasiado recomendable por lo aislado que se encuentra el monasterio.
[Parador de Santo Estevo / Nogueira de Ramuín, Ourense - 988.010110 / Ubicación]
Pedimos el menú degustación, naturalmente, que arrancó con unos aperitivos significativos de la fusión que se practica en este restaurante: crema de verduras con espuma de patata, tosta de gorgonzola con membrillo y focaccia con queso philadelphia. (Me vais a disculpar, pero en esta ocasión, tan tenue es la iluminación de Galileo, que pocas fotos hay a la altura)
La milhoja de pulpo en una cama tibia de patata con vinagreta francesa abrió la fase de entrantes. Nos recordó al carpaccio de pulpo que tomamos hace poco en Alborada, si bien en esta ocasión el protagonismo lo asumía la fantástica vinagreta que dominaba todo el plato. Luego, una vieira jugosa y en su textura exacta con fondo vegetal y tosta de ibérico. Seguimos con la italogalaicidad (en fin) en su máxima expresión: unos fantásticos ravioli de grelos rellenos de lacón sobre un fondo de queso que ya habíamos disfrutado en la xantanza (tomo la foto de ese post). Para rematar con un foie con fundente de cebolla caramelizada.
Llegó un nuevo matrimonio de éxito: la lubina de anzuelo sobre risotto cremoso de setas; a priori no tenía yo claro que el pez fuera a aguantar la intensidad del risotto, pero vaya si lo hizo. Y la carne de vaca, cómo no, ese momento siempre tan esperado en la casa de Flavio: como dijo el camarero al servirnos, simplemente lomo de vaca a la plancha con patata al gratén. Simplemente.
Llegamos bien a la parte dulce, adecuadamente medidas estaban las raciones. Y de nuevo nos encontramos con Italia y Galicia. Un tiramisú de novedosa construcción. Y un sorprendente helado de pimientos de Padrón con teja de sésamo y crema de licor de orujo. Muy curioso cómo la crema de orujo atemperaba el sabor a pimiento, produciendo un equilibrio interesante además de original.
Acompañamos la cena con un Lalama 2006, un valor seguro. Igual que Galileo, un restaurante de referencia en Galicia salvo, incomprensiblemente, para algunos.
El precio del menú degustación en Galileo es de 58 euros.Con el vino y el agua, el total fue de 73 euros por persona.
[Restaurante Galileo / Santa Baia, Pereiro de Aguiar - Ourense / 988.380425 / Ubicación]
En particular, me quedó grabado el serpenteante descenso por la estrecha carretera que, desde Chantada, alcanza el Miño en el minúsculo pueblo de Belesar. Por eso aprovechamos una nueva escapada a la Ribeira Sacra para hacernos una pequeña ruta de senderismo por la zona.
La ruta arranca en la magnífica iglesia románica de Santo Estevo de Ribas de Miño [ubicación], en el concello de O Saviñao. Avanza en ligero ascenso hasta el pueblo de Galegos y, poco después, llega a Diomondi, donde se puede admirar el Pazo das Cortes y, sobre todo, la iglesia y monasterio de San Paio de Diomondi, ejemplo de la catastrófica conservación de un patrimonio cultural que merece mucho, muchísimo más.
A unos metros de la iglesia empieza la parte más atractiva del recorrido: los Codos de Belesar. Se trata de una antigua calzada romana que desciende en zig-zag - los codos - de manera acusada, entre espectaculares soutos de castaños y robles. En el último tramo, ya sobre el río, las vistas sobre Belesar y los socalcos de la orilla norte del Miño son magníficas.
Si el recorrido se inicia a media mañana, podremos comer en la Abacería o Batuxo, en el embarcadero del catamarán de Belesar. Una decoración muy agradable junto al río y un menú a nueve euros, además de una carta y preparación, por encargo, de anguila del Miño. [Ubicación]
Después de comer, todavía hay que coger el coche por la carretera que, desde Belesar, sigue el curso del Miño. Unos kilómetros más adelante, esta carretera empezará a empinarse hacia San Xoan da Cova y Fión. Desde allí, muy cerca de Abadía da Cova, podremos disfrutar del Cabo do Mundo, ese meandro mágico del Miño [Ubicación]. La imagen habla por sí sola.
Debo decir que, hasta la fecha, la margen ourensana había sido el destino de todas mis visitas. La Ribeira Sacra ourensana es piedra y es altura. Es el majestuoso Santo Estevo de Ribas de Sil y su vecina Santa Cristina; es el peculiar San Pedro de Rocas; son los impresionantes miradores sobre los cañones del Sil, cañones de piedra - casi quinientos metros de escarpada caída - que se pueden admirar desde los balcones de Madrid o desde Cabezoás.
La Ribeira Sacra lucense es otro planeta distinto. Es agua y es vino. La orientación sur en el Sil y la bonanza climatológica en el Miño dan lugar a la viticultura heroica de la D.O. Ribeira Sacra, seguramente una de las más pujantes de España (y no lo digo yo). Descendiendo por las sinuosas carreteras o a orillas de los anchos cauces de ambos ríos, no cabe sino entusiasmarse con bancales y costeiras, exuberantes de mencía si, como en mi caso, la visita tiene lugar a finales de agosto.
En el Miño, me quedo con las vistas que procura la carretera que, desde Chantada, serpentea ladera abajo hasta Belesar [ubicación]. Desde el embarcadero del catamarán, en dirección sur, el camino acompaña al río y descubre preciosos lugares como el pintoresco pueblo de Pincelos o la playa fluvial da Coba; hacia el norte, la carretera conduce a Santo Estevo de Ribas de Miño (cerrado, cómo no, dejando con un palmo de narices a dos docenas de visitantes) y al propio embalse de Belesar.
En el Sil, el concello de Sober acoge las rutas más espectaculares. Como el descenso desde Doade hasta el embarcadero del mismo nombre [ubicación], puro vértigo las costeiras de esa zona; o la ruta de los miradores que recorre el mágico terruño de Amandi (O Cotarro, Santuario de Cadeiras, Os Chelos); o, por supuesto, las visitas a las bodegas de la zona.
En fin, hay mucho más. Pero creo que ya llega para que os animéis a conocerla o a repetir, ¿no?
[Una recomendación para alojarse: Casa do Romualdo]
La Casa do Romualdo es una casa familiar. En parte por su configuración: se abre sobre el corral central, espacio común en torno al cual gira toda la vida. En la gran mesa los huéspedes desayunan y cenan juntos, acompañados por Francisco y Chon, los propietarios. Alrededor se encuentran las cinco habitaciones, austeras pero correctas, confortables dentro de muros de piedra y pequeñas ventanas al jardín. Subiendo hacia la parte alta, donde vive la familia, está la preciosa lareira, en la que tuvimos la suerte de cenar las dos noches, al estar el resto de alojados fuera (se me pasó sacarle una foto: tomo una prestada de la web).
Preside el corral un curiosísimo retablo en piedra policromado. Merece la pena que pinchéis en la foto y os detengáis un rato en sus detalles. Uno diría que procede de cualquier parte del mundo menos de Galicia.
Pero la Casa do Romualdo es familiar sobre todo por el trato. Francisco y Chon se vuelcan con los huéspedes, que son huéspedes de verdad. Salen a recibirlos al coche, los acompañan durante el desayuno, les dan todo tipo de indicaciones para disfrutar de la zona. En la casa no hay tele, ni en las zonas comunes ni en las habitaciones; pero la sobremesa tras la cena se llena - por horas - con la entrañable conversación de Francisco, un enamorado de su tierra como pocos, y con el fantástico licor de mencía al aroma de cerezo que hacen en la casa. Hasta las burras, Tiramisú y Perica, se prestan a jugar en el jardín con los más pequeños.
El desayuno es casero y abundante: zumo de naranja natural, bizcocho casero, tostadas - con mermelada y mantequilla también de la zona -, yogur ecológico de la cercana quesería Arqueixal (post en breve) y fruta. Existe también la posibilidad de cenar en la casa, si se avisa. Nosotros lo hicimos las dos noches, y cenamos muy bien: verduras al horno y pechuga de pollo rellena de queso y pimiento el primer día; tabla de quesos de la zona, crema de tomate y truchas con jamón el segundo; en ambos casos, yogur de Arqueixal, café, el ya citado licor casero de mencía y larga charla con Francisco.
El precio de un cuarto doble anda por los sesenta y pocos euros (a nosotros, con una cama supletoria y una cuna nos cobraron 73); la cena son 16 euros más la bebida (a precios francamente muy razonables: una botella de Algueira, por ejemplo, nueve euros) y el desayuno 4,90; para los niños, diez y cuatro con treinta, respectivamente.
En definitiva, Casa do Romualdo es una muy recomendable alternativa para explorar la Ribeira Sacra, caminar por las cercanas Terras de Ulloa o, simplemente, para descansar. Y, especialmente, es muy recomendable porque te sentirás tratado como si estuvieras en tu propia casa.
[Casa do Romualdo / Vilar, 6 - Vilela - Taboada (Lugo) / 982.455010 / Ubicación]
La Ribeira Sacra, en el límite de las provincias de Ourense y Lugo que marca el río Sil, conjuga naturaleza - el cañón, la garganta del propio río, con paredes de hasta casi 500 metros de altura - e historia milenaria - alguno de cuyos ejemplos ya se han tratado aquí: San Pedro de Rocas o Santo Estevo de Ribas de Sil -.
Desde las alturas, mirar el cañón del Sil, mirar la bruma flotando sobre la Terra de Lemos, es un auténtico placer. Desde el mirador de Cabezoas, desde las curvas del descenso a Santa Cristina de Ribas de Sil o, especialmente, desde el mirador de Os Torgás, en Parada de Sil [ver ubicación en Tagzania].
El mirador es conocido como los Balcones de Madrid, dicen que porque desde allí se podía contemplar durante largo el tiempo el camino de los que marchaban. Sea así o no, desde el balcón se puede disfrutar, a nuestros pies, del cañón en todo su esplendor; si nos giramos a la derecha, la entrada del río en la garganta, deslizándose entre las viñas; de frente, las Terras de Lemos hasta donde alcanza la vista.
Todo, seguramente, en un silencio sólo roto por las campanadas del Santuario de Cadeiras, que, temerario, se asoma al precipicio del otro lado del río. Una gozada.
(Más fotos en la Galería de A Ribeira Sacra)

El monasterio cuenta con tres claustros: el de los Caballeros - el principal - y el del Vivero, renacentistas, y el de los Obispos, románico. Observarlos te transporta a remotos tiempos, cada uno a su manera. Arcadas - como la del restaurante - y balcones te permiten dominar los bosques de la Ribeira Sacra.
Yo no he más que pasado un ratito de una tarde fugaz, así que sólo os puedo dejar estas fotos. Manolo Gago ha tenido la fortuna de dormir recientemente aquí, y su descripción os llenará cuerpo y alma de envidia. Al menos a mí, descripción y visita han hecho que me prometa que no pasará demasiado tiempo hasta que duerma en Santo Estevo de Ribas de Sil [Post tras un fin de semana en Santo Estevo].
(Más fotos en la Galería de A Ribeira Sacra)























