Referencias tenía bastantes de La Solana, tanto de seguidores de este blog como de la local Marta Fdez Guadaño, que hace una referencia al mismo en su
Gastroeconomy. Ayer tocó allí almuerzo de trabajo: como siempre en estas circunstancias, escasa atención a la comida, pero sí la suficiente como para asegurar que volveré.
Excelentes las navajas: su porte y su punto. Menos llamativos el pulpo a la brasa con puré de patata o el queso de cabra. Fantástica la lubina al horno con una deliciosa muselina de ajo. Buena pinta tenían a mi alrededor las diversas preparaciones de bacalao, uno de los puntos fuertes de la casa. No me tocó pagar, pero los precios parecían contenidos, con los principales en el entorno de los veinte euros.
[Restaurante La Solana / Praia A Magdalena, 2 - 981.430960 / Ubicación]
Foto tomada de Vinos y Restaurantes.
Últimamente me toca visitar Oviedo por cuestiones laborales. La semana pasada, puro azar, terminamos comiendo en el restaurante Fromestano, un local muy céntrico a doscientos metros del Campo de San Francisco. Me gustó, esta semana he vuelto y me ha gustado de nuevo. Así que aquí dejo la mención, con un mix de ambas experiencias.
Dos entrantes de la mar. Muy buenos los bocartes fritos con taquitos de jamón tostado y pimiento. Suculento el calamar fresco a la plancha, con aceite y ajo, sin más. Clásica la merluza a la sidra, en un punto muy bueno, el deslasque perfecto; almejas hermosotas y patata de compañía. Tiernísima la paletilla de cordero. Delicioso el postre del fraile: en un vaso, al fondo taquitos de manzana confitada; por encima, crema de queso Afuega'l Pitu; y corona una espuma de sidra. Unos 45 euros viene quedando el precio por persona.
[Fromestano / Avda. Galicia 22 - 985.277339 / Ubicación]
Muchos años llevaba sin dejarme caer por el Restaurante Carbonada. En parte por eso y en parte porque era una comida de trabajo, recurrimos a los clásicos del lugar. El calamar frito (no en aros: los tentáculos, en un punto estupendo); el gran clásico de la casa, los langostinos a la provenzal con arroz (demasiada salsa para mi gusto); y el otro gran clásico, la carbonada de ternera: finas y magras láminas para hacerse al gusto, vuelta y vuelta. Con dos postres, Casa de la Ermita (DO Jumilla) y cafés, 35 euros per capita, un precio muy conveniente. Me quedé con ganas de los crujientes de cigala con mahonesa suave y de algún corte más contundente de vacuno.
Pero no es por eso por lo que escribo. Escribo por dos bocados. Sólo por dos, por los dos primeros. Llegó como aperitivo ese lomito de caballa apenas atemperado, sobre una emulsión vegetal tan suave que apenas se dejaba notar. Suculento. Recordé entonces que había leído en Catalia la posibilidad de pactar un menú degustación, una posibilidad que no se recoge en la carta. He de investigar si esto efectivamente es así, porque en ese caso iré a probarlo. Esos dos bocados prometen muchísimo.
[Carbonada / Manuel Murguía 4-6 (A Coruña) / 981.271014 / Ubicación]
No deja de sorprenderme que, una villa tan concurrida - en verano y fines de semana, al menos - como Sada, el panorama gastronómico sea tirando a desolador. Dos grandes clásicos para tomar pescado en el puerto - Manel y Licar, adoro el bonito en rollo de este último - y el
Sabor Extremeño. El resto: sota, caballo y rey.
En este sombrío escenario, la Vinoteca Burdeos aporta algo de luz a modo de oferta distinta. Más de picar que de comer, son muy buenas las generosas tostas - de revuelto de morcilla (5€) o de foie, membrillo y queso de Ulloa (7,90€) -, amplia y bien hecha la ración de huevos rotos con patatas y jamón ibérico (9,50€) y mejorables las croquetas de ibérico (6€). Hay platos más contundentes para sentarse con más calma. Y, por supuesto, una amplia oferta de vinos.
[Vinoteca Burdeos / Calle de la Playa, 7 / 981.624703 / Ubicación]
Foto: Luis Miguel Bugallo Sánchez.
Acabo de salir de una cena en DiverXO. Estoy en el hotel, en pijama, con el iPad sobre las piernas, recordando una experiencia gastronómica sobresaliente. Recordando las múltiples técnicas: china, japonesa, thailandesa, peruana. Recordando el producto de calidad excelente: rape, secreto ibérico, pichón, mejillón, huevo de codorniz, cecina de buey. Recordando la imposibilidad de anticipar el sabor de cada plato, la sorpresa al oler, al probar al mirar. Recordando las dos horas y media de experiencia gastronómica que os contaré en los próximos días.
Ya casi no quedan sitios en los que te vean entrar por la puerta y te reconozcan como cliente. Y menos hay todavía en los que los instantes que transcurren hasta que te acomodas en la barra sirvan para conocer tu estado de ánimo. Porque un buen barman tiene que ser, necesariamente, un buen psicólogo. Manolo
el Pirata lo es. Por eso no te deja elegir la copa. Por eso es de los que te dice, "hoy te voy a poner..."
Hoy me puso un gin tonic de Fifty Pounds con tónica 1724. Previamente, un mínimo chorrito de un destilado inglés, de Chase Distillery: Eldelflower Liqueur, con un toque de vodka de patata. La burbuja finísima, la ginebra neutra - sin querer estar pero al tiempo presentísima, dominante -, el sutilísimo toque diferente del destilado. Ni frambuesa, ni pepino, ni cardamomo, ni mariconadas; cáscara de limón, rodajas de lima y pomelo, muchísimo hielo. Gin Tonic clásico en estado puro. Porque el que sabe, sabe.
El domingo, improvisadamente, nos acercamos a comer al
Agar Agar. Los pantagrueliños se tomaron una merluza hervida con patatas panadera. De entrante, la Sra Foucellas y yo compartimos un pulpo a la parrilla con crema de calabaza (la cual, para mi gusto, necesitaba más presencia); ella, de segundo, unas zamburiñas con miel. Muy buena la torrija de postre, mejor que el chocolate. Pero no escribo aquí por todo lo anterior; escribo por el salmón.
Escribo por el memorable salmón marinado en teriyaki y ahumado que tuvo el acierto de recomendarme el maitre. El lomo, marinado y horneado unos minutos a baja temperatura con la reducción de teriyaki, viene acompañado de una compota de tomate - una simple reducción con azúcar, sal y pimienta - y de unas borras de aceitunas negras deshidratadas con regaliz rallada. En el fondo del plato, un licuado de ficoide glacial. El resultado se presenta con el pescado bajo una "cúpula" transparente durante un par de minutos a modo de terminación del ahumado. El conjunto, tanto por la preparación como por el acompañamiento, potencia enormemente el sabor del salmón al tiempo que mantiene una tersura deliciosa. Lástima de foto.
Y el besugo también. Hoy tenéis que tomar lubina o besugo". Hicimos caso a Miguel, claro. Y vaya si estaba en comida la lubina. Una gruesa rodaja, exactamente en su punto, proveniente de un bicho de cuatro kilos pescado en Suevos, en Arteixo. Con una salsa de almejas y erizos, intensa de sabor pero respetuosa con el pescado. Antes, unos berberechos de notable tamaño, de notable sabor, de los que hay que terminar de abrir con el cuchillo, de los que llenan el paladar de sabor a mar, de los de aquí. Un par de postres y un Ribeiro que no conocía, Val de Nairoa. Cafés de pota y chupito. Cuarenta y tantos por cabeza.
El Cortegada sigue siendo mi restaurante de cabecera. Uno de los mejores sitios para tomar un buen pescado en la ciudad. Me alegra que estuviera lleno, pese a la crisis.
[Restaurante Cortegada / Federico García, 3 - 981.902751 / Ubicación]
Ganó notoriedad tras su reciente apertura por presentar su carta en iPads. Practican cocina de mercado, como su nombre indica, de ahí lo del iPad para recoger las variaciones del día.
Levounandar fue el primer blogger en postearlo y me recomendó a través de twitter que lo probara. Dicho y hecho, aprovechando el festivo, de picoteo con los pantagrueliños.este mediodía.
Muchos detalles positivos. El servicio atento pese al abarrote. La cocina a la vista. El bollo de pan caliente, envuelto en papel, como si te lo llevaras de una panadería de antaño. Croquetas-buñuelo variadas, notables las de setas. Pulpito a la brasa con patata cocida y grelos (mejor más calientes), muy bueno y suficiente para dos. Milhojas de queso (requeixo) y membrillo con miel, natillas con helado de chocolate. Conclusión: reservamos para cenar el viernes, ya sin los pantagrueliños. Stay tuned.
[El Mercado / Costa da Lonxa, 18 - O Burgo, Culleredo / 881.923229 / Ubicación]
(No tiene pérdida: justo enfrente de la cola del Raxo)
Bajamos del avión, dejamos las maletas en el hotel y arrancamos a pasear. Nuestra primer destino en aquel
fin de semana en Barcelona fue el Mercado de la Boquería [
ubicación]. Repleto de gente al mediodía, sólo por los olores y los colores del otoño merecía la pena estar allí. Luego comprobaríamos que
también por los sabores.
A partir de mañana podré ir a una cafetería con los pantagrueliños sin preocuparme de que los ahúmen. A partir de mañana podré salir de copas sin llegar apestando a casa. A partir de mañana podré cenar en un restaurante sin que me amarguen desde la mesa de al lado.
Mañana será un gran día...
Ya hemos hablado aquí de la resurrección de la calle de la Estrella, y posteado sobre locales como
Portofino o
Charrúa. El otro día caí, casi por casualidad y con bastante prisa, por Mantelería 3 [
ubicación]. Donde antes había un bareto de toda la vida, ahora reina la decoración blanca y el jazz. En la pizarra, un par de raciones a tres euros y pico, algunos platos en torno a los diez euros y un menú del día; también una docena bastante larga de vinos por copa. Y sobre la barra (opuesta a las tres mesas altas del local), pinchos (1,50 / 1,80 €). Delicioso el rollito de cecina con mascarpone, albahaca y cebolla caramelizada. Más convencionales pero muy bien ejecutados, la morcilla de Burgos con tomate y pimientos o el pimiento relleno de gambas.
Merece más que un tweet, desde luego. Volveré.
Primera visita a
La Casa Vasca en su - ya no tan - nuevo local, más espacioso y acogedor que el antiguo del Orzán. Todo cambia para que todo siga igual, desde el equipo de sala hasta la carta y la sensación de apuesta segura, sin riesgos. Almejas con vieiras de entrante, de gran porte y estupenda salsa. El chuletón de buey, cómo no, de segundo: llegan en bandeja, fileteados, los dos kilos algo largos para tres junto al plato caliente. La carne estupenda, aunque cada vez me gustan menos los humos en la mesa. Tres postres. Gran Vos, D.O. Somontano. Cafés y agua. Un poco más de 45 € per capita. Todo cambia, todo sigue igual. [
Ubicación]
Fuentes
habitualmente bien informadas la sitúan como la aventura compostelana de hosteleros de Vila de Cruces. Un local pequeño, céntrico y de servicio atento especializado en arroces. Abrimos compartiendo un logrado salteado de verduras con langostinos y reducción de PX. El arroz, para irnos de lo habitual, de perdiz y setas, creo recordar que boletus: nutrida ración, muy buena y potente la base; a mí me gusta el arroz al dente, aunque no tanto como éste. Copas de vino, agua y cafés, treinta euros por cabeza. Para probar. [
Ubicación]
Me queda al lado de la oficina, a unos cuantos pasos. Y la excelente materia prima, siempre del mar, unida al buen hacer de Miguel en los fogones, van convirtiendo el Cortegada en mi restaurante de cabecera cuando de comida de trabajo se trata. Hoy, almejas king-size al natural, con una sencilla salsa de aceite; de segundo, fantástico sanmartiño con guisantes; cafés y una botella de Valdesil. Treinta y ocho euros por cabeza.
[Restaurante Cortegada / Federico García, 3 - 981.902751 / Ubicación]
En Ares no te pares y en Redes no te quedes" reza el dicho popular. No hagáis caso, quedaos una tarde entera en Redes [
Ubicación].
[El autor de esta última foto es Paulo Fernández Piñeiro. Enlace al original]
Es la vinoteca de cabecera de ilustres bloggers locales como
Makeijan,
Moraiminha o
Mariano. Está a un par de minutos [
ubicación] de una de las plazas más bonitas de Galicia, la de la Leña. Tiene sabrosas raciones, desde las tostas de jamón y tomate hasta los quesos seleccionados, pasando por interesantes platos de cocina. Y gran variedad de vinos, por copa y en botella. ¡Cómo disfrutamos de ese
Guímaro B2M 2007! Tanto como Fernando cuando, al servirnos, daba rienda suelta a su conocimiento y admiración por él.
A nadie se le escapa que Cambados, con
Yayo Daporta y
Pandemonium, presenta un increíble ratio de grandes restaurantes por habitante. Pero a la hora del tapeo, especialmente en verano, es fácil sucumbir ante las hordas de turistas que pululan por las - preciosas - calles entre el Parador y el Pazo de Fefiñáns. Del otro lado del ayuntamiento, junto al mercado, en el edificio de la cofradía de pescadores está el bar O Pósito [
Ubicación]. Grande, sin alardes de ningún tipo, permite comer mejillones, navajas, berberechos o lo que ese día haya traído el mar en un ambiente tranquilo y a unos precios muy razonables.
Una lástima que Noia no esté un poquito más cuidada, porque tiene un casco histórico precioso. Y un atractivo gastronómico principal: la empanada. El Alborés, uno de los clásicos de la villa, ofrece una empanada difícilmente superable. Siempre de maíz, de millo, por supuesto: se deshace en la mano. Ayer la tenían de xoubas, de sepia o de rape. Otros días, de calamares o de pulpo. Para picar con los vinos en la barra o para comer, la ración a cinco euros. Altamente recomendable. [
Ubicación]