NaDo (A Coruña): somos o verán, irmao

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Se David Mella traballara en NaDo diría: “Somos o puto verán, irmão”. Verán xantamos hoxe. Bonito, tomate, boquerón, escarola, sardiña*, pementos de Padrón, mexillóns, lumbrigante... Mola a nova estrutura de menús de NaDo. Hoxe foron os grandes clásicos - caeu a vieira con holandesa, por suposto; e, por suposto, tamén o flan - e peixe á grella para rematar a función: un tremendo rodaballo que ben podería ter sido un ollomol. Bos viños na carta: escollemos o fantástico Acios da Xesteiriña e unha pineau d’aunis do Loira, Galicia en Francia. Dicía Iván Domínguez : “Como non me decatara antes.” Iso, como non se decatara antes... 😉 (*) Mira que son pouco de gilda, pero esta... Ver esta publicación en Instagram

Unos días en Aysén (i): la carretera austral

Ni la pampa asolada por el viento en la que se ubica el aeropuerto de Balmaceda. Ni el asfalto que asciende pausadamente entre el macizo de roca. Nada en la primera media hora de camino hace presagiar la exhibición de la naturaleza que se viene. Cuando la carretera empieza a bajar, rumbo a Villa Cerro Castillo, en una curva empieza todo. El valle se abre, el cerro asoma entre las nubes, el camino serpentea ante nosotros. Comienzan más de doscientos kilómetros de ripio y polvo hasta Puerto Guadal, nuestro destino. Doscientos kilómetros por la carretera austral, ni más ni menos.

El mirador de Cerro Castillo es toda una declaración de intenciones. El trazado sinuoso del camino – todavía de asfalto por cinco minutos más – emula al del cauce del Río Ibáñez, allá al fondo. Durante el descenso hasta la minúscula villa, última población en dos horas de recorrido, la imponente mole del cerro domina el panorama, componiendo pintorescas estampas bajo su cumbre de nieve.

Pasado el pueblo, el camino torna de ripio y cruza a la otra orilla del Río Ibáñez, elevándose de nuevo rápidamente. Ahora el valle se extiende, imponente, a nuestra derecha: el serpenteo del río, el agua del deshielo que baja por las laderas boscosas, la nieve que cubre los penachos de roca bajo el cielo azul.

Un poco más adelante, nos separamos del lecho del río hasta llegar a la Laguna Verde, cuyo nombre resulta obvio a la vista de la foto. La laguna desagua en el Río Ibáñez, mezclando en numerosos brazos sus aguas turquesa con las grises o marrones que trae la corriente.

El volcán Hudson no se encuentra muy lejos de la carretera austral. Hace algo más de veinte años entró en erupción de manera violentísima, y sus efectos se pueden ver muy claramente en la orilla del Ibáñez: el bosque muerto, los árboles arrasados muestran la desolación que generó el volcán.

Unos kilómetros de calma y el camino dobla al sur, abandona al Río Ibáñez y acompañará al Río Murta, ya sin abandonarlo, hasta su llegada al Lago General Carrera: de origen glaciar, es el segundo lago más grande de Sudamérica, detrás del Titicaca, con casi 2.000 Km2 (el tamaño de Guipúzcoa). Puerto Río Tranquilo es la población que da la bienvenida al lago, desde la cual el trazado se eleva sobre la orilla hasta conformar espectaculares miradores sobre las impresionantes aguas turquesa del lago. Como telón de fondo, el Cordón Contreras forma las primeras estribaciones del Campo de Hielo Norte.

Bordeamos el inmenso lago hasta llegar a su unión con el Lago Bertrand, salvada por un puente desde el que se contemplan, ya de cerca, las cumbres nevadas del Cordón. Ya estamos alcanzando nuestro destino, pero aún nos queda, a modo de colofón, la vista sobre la Hacienda Tres Lagos, uno de los lodges de turismo de la zona.

En fin, el camino. Cuando la maravilla es el camino…

(El recorrido descrito parte de la esquina superior derecha del mapa y llega a la zona inferior central. Si pincháis para ir a Google Maps, veréis el camino señalado en amarillo como la ruta 7.)

Comentarios

  1. Guau, que paisajes mas bonitos, en cierta parte te tengo un poco de envidia, yo que he nacido en Argentina y no conozco ni siquiera una décima parte del país, sabiendo que el sur argentino también es muy bonito. Que pequeña se nos queda Galicia ante tanta inmensidad.
    Aprovecha estos instantes mágicos que quedaran para siempre en tu memoria.
    Un saludo de Alberto desde Ginebra.

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