Navegando por la bahía de Paraty

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Desde primera hora de la mañana, decenas de pequeñas embarcaciones de pesca, acicaladas para la ocasión, se apiñan en el cais de Paraty esperando por los turistas. La navegación por la bahía de aguas verdes es uno de los mayores atractivos de la ciudad colonial de calles empedradas y casitas encaladas que presentábamos en un post anterior.


Los botes de pescadores son la alternativa a las grandes embarcaciones que se anuncian al final del muelle. Por unos 70 reales a la hora, se dispone de un transporte privado que acomoda fácilmente a seis u ocho personas para un paseo totalmente a medida entre calas e islas.



De vagar, con tranquilidad sudamericana, el bote se aleja de la orilla de casas blancas y pronto escarpadas costas de bosques tropicales colman el paisaje. El perfil de la bahía de Paraty es muy sinuoso, con numerosos recovecos que esconden .- literalmente - cientos de pequeñas calas y playas (como la de la imagen que abre el post) que vamos recorriendo a instancias de nuestro guía.

Ancla al fondo, chapuzón en el agua templada, paseo por una arena en la que se graban las primeras huellas del día y de vuelta al barco para repetir un par de ocasiones más, hasta que el hambre se impone. En ese momento, rumbo hacia alguna de las playas que tienen pequeños chiringuitos ofreciendo, recién pescado, el peixe á grelha.




Tras el almuerzo, camino de vuelta a Paraty, flanqueando alguno de los barcos grandes que también está de regreso y bordeando varias de las magníficas islas-mansión con las que cualquiera soñaría. El premio final, el perfil blanco de Paraty y sus iglesias recortándose contra las selváticas montañas que separan este pequeño paraíso del mundo, del ruido, de hoy.






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