Restaurante Portofino (A Coruña)
viernes, julio 30, 2010La cervecería, al nivel de la calle y con su trozo de terraza, es grande y bastante espectacular. Con la barra en el centro y la cocina al fondo, las muchísimas mesas de las que dispone estaban a reventar. Por lo que pudimos ver, sirven todo tipo de raciones y hasta algún señor chuletón había por las mesas. Pero nosotros teníamos reserva en el restaurante, que está en el sótano; bajamos las escaleras... y las volvimos a subir al cabo de buen un rato porque por allí no aparecía ni el Tato. Después de pedir en la barra que nos atendiera alguien, volvimos a intentarlo y al poco estábamos sentados en nuestra mesa.
La cartadel Portofino está compuesta por una decena de entrantes y media docena de pescados y carnes; además, y ya que estamos en temporada, había varias opciones a base de bonito. De los primeros elegimos la crema de rape con helado de centollo y aceite de choriceros, a la sazón lo mejor de la noche. La crema, templada, ofrecía una base tenue, casi neutra, sobre la que destacaba el inmenso sabor del helado.
En esta ocasión tomamos carne en los principales. En mi caso, entrecot de ternera cuatro estaciones, con cuatro guarniciones distintas además de las patatas al horno: almendras, setas, verduras y fruta macerada. Para la Sra Foucellas, ibérico al queso de Arzúa - un tanto desaparecido - y Oporto. La materia prima era muy buena, un sabor estupendo, pero para mi disgusto en ambos casos la carne estaba pasadísima, algún trozo realmente seco. Y no será porque no fuimos claros a la hora de ordenar el punto.
Compartimos de postre un surtido bastante intrascendente, a excepción del chocolate del canutillo, que estaba realmente bueno. Como vino, un Arzuaga, después de algunas opciones de carta que no estaban disponibles (como anécdota, nuestra opción inicial fue un Tagonius; tras un rato de infructuosa búsqueda, nos vinieron con otro indicándonos que de Somontano sólo les quedaba ése: lo dijeron con tanta convicción que hasta pensaba que el equivocado era yo). El precio por la cena fue de 37 euros por cabeza.
Mención aparte merece el servicio: simplemente lamentable. No voy a perder el tiempo con detalles, porque sería demasiado el que tendría que dedicar. Un servicio de cervecería.
¿Conclusión? Obviamente, el restaurante está totalmente supeditado al éxito de la cervecería (abarrotada, como antes decía, mientras nosotros estábamos solos abajo). De otro modo no se explica el resultado de la cena con un tío plenamente solvente como Suso Rodríguez (ex del Gómez) en los fogones. Si yo fuera el empresario, desde luego también tomaría la misma opción. Pero como soy el cliente...
De todos modos, espero que con el paso del tiempo y la llegada del largo invierno se tomen un poco más en serio el restaurante. Al fin y al cabo, el servicio es algo fácil de mejorar, y en la cocina me consta que hay capacidad. Veremos.
[Restaurante Portofino / Estrella, 15 - 981.902110 / Ubicación]
Un pincho
jueves, julio 29, 2010
El roastbeef de La Pondala (Gijón)
sábado, julio 24, 2010Con algo más de veinte graditos de lo más agradables, nos sentamos en el patio de La Pondala y fuimos dando cuenta de croquetas y jamón mientras conversábamos. Pero el silencio se impuso cuando llegó a la mesa la impresionante bandeja con el roastbeef, la pieza con el corte marcado, las finas láminas de carne rosada servidas templadas (ya sabéis que últimamente me funciona sin parar la memoria gustativa: en cuanto lo probé acudió inmediatamente la maravillosa Luismi Premium VAC.1 de Morganti). Excelente, de verdad, la carne: por eso rompo otra vez la norma de no escribir sobre las comidas de trabajo. Fantástica. Como fantástico el puré de patata requemado que lo acompañaba, así mandan los cánones. Alguien decía en la mesa que estábamos probando el mejor roastbeef de Inglaterra.
Merecen ser destacados los postres, también. La tarta de manzana pero, sobre todo, la tarta de la casa o tarta Pondala, suave y liviana, pese a la almendra, la crema y el bizcocho. Su éxito es tal que alimenta una curiosa leyenda, probablemente falsa. Cuando la original Pondala, hace más de un siglo, estaba a punto de fallecer, decidió dejar el restaurante a una de sus hijas y la receta de la tarta a otra: de este modo, ambas estaban obligadas a colaborar de por vida.
Historias al margen, este clásico gijonés merece ser visitado para probar el roastbeef, en especial si el tiempo acompaña y se puede comer en el patio. Pero no os olvidéis de encargarlo.
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[La Pondala / Dionisio Cifuentes, 58 Somió - 985.369346 / Ubicación]



