Después de tres estancias en la ciudad, los must see los conocemos bien, aunque seguro que intentamos volver a pasar por todos. En esta ocasión, y para eso os pido ayuda a través de los comentarios, queremos dedicarle algo más de tiempo a los barrios más alejados de las hordas turísticas.
Queremos volver a Brooklyn, ese extraordinario crisol de culturas, al cual le dedicamos un día completo en el anterior viaje. Especial atención nos merece Williamsburg, el barrio más in de la zona, con numerosos centros culturales y - para qué nos vamos a engañar - bares y pubs de lo más pintoresco, como el de la foto inferior. Queremos volver a patear Harlem. Y, si nos atrevemos, cruzar al Bronx.
En lo gastronómico, llevamos dos reservas de lujo. En nuestra primera noche, Momofuku Ko, que pasa por ser uno de los mejores japoneses fuera de Japón, y que además queda a unos pasos de St Marks Place, en pleno East Village, con una fauna nocturna absolutamente alucinante. Y en la segunda, wd-50, la casa del chef Wylie Dufresne, que también nos deja inmejorablemente situados para rematar la noche en los locales del Lower East Side.
Para el resto, rendiremos homenaje a las catedrales de la fast food neoyorquina. Repetiremos las hamburguesas del Burger Joint, tan deliciosas como repugnantes a la vista, como demuestra la foto de abajo. O los bocatas de pastrami de Katz's Delicatessen. Llevamos, esta vez, uno nuevo en la lista para descubrir: el Prime Burger de la calle 51.
Espero vuestros comentarios con pistas e indicaciones. ¡Gracias por adelantado!
Para esos fríos pero soleados días de invierno o de las primeras semanas de primavera, os sugiero un plan muy apetecible. Llegada a Pontedeume a eso de la una para disfrutar del ambiente de la encantadora villa eumaesa a la hora de los vinos. Comida en La Solana. Y posterior paseo, extremo a extremo, sin prisa, por la playa de A Magdalena.
De entrante podéis tomar los berberechos o las navajas. O si, como fue nuestro caso, os insisten con las zamburiñas, dejaos llevar: gran porte, en su punto, con un aliño sutil pero que se dejaba notar, dándole sabor al plato.
Yo repetí la lubina al horno con muselina de ajo. Espléndido plato, en el que el pescado pone la textura - excelente de cocción - y la muselina potencia el sabor. Una versión civilizada del cocido, presentada en una ración que no te deja KO para toda la tarde, no es mala alternativa para coger calorías de cara al paseo. Y si vais con niños, las croquetas de jamón - bechamel cremosa, muy lograda - son garantía de éxito.
Con un postre para compartir, cafés y cervezas y aguas para beber, descontado lo de los pantagrueliños la cuenta fue de unos treinta euros por persona. Por tanto, con vino se puede comer del orden de los cuarenta. Y se come bastante bien. No me diréis que no es buen plan...
[Restaurante La Solana / Praia A Magdalena, 2 - 981.430960 / Ubicación]
Seguiré con mi afición, por supuesto. Seguiré contando mis experiencias en restaurantes, excursiones y viajes. Y tengo mucho, mucho por descubrir: Chile es un país de muchos contrastes, desde el árido desierto de Atacama hasta los espectaculares paisajes casi polares de Tierra del Fuego. Y toda Sudamérica al alcance de la mano. Por tanto, mucho, mucho que contar.
Supongo que os interesará más bien poco la oferta gastronómica de Santiago. Pero quizás surja un grupo de lectores de allí con los que pueda empezar a intercambiar experiencias y gustos, con los que comenzar a construir una comunidad como la que en estos ya más de seis años de blog se ha ido creando - habéis ido creando - en Galicia. Ojalá, porque esto es francamente entretenido.
Gracias por estar ahí (seguid un tiempo, que aún tengo tres o cuatro posts pendientes antes de irme). Y como decía el otro: "volveré".
[Foto de Der schone Tod]







