IX Xantanza: el reto llega al Alborada
miércoles, julio 01, 2009Efectivamente, tras nueve ediciones las xantanzas llegan por fin a Coruña (estuvo la cosa bien cerca en la tercera, que tuvo lugar en La Estación de Cambre). Y será el premiado equipo capitaneado por Luis Veira y Santi Diéguez el que nos presente este próximo sábado un menú trufado de novedades y muy orientado a los productos de temporada.
Previamente, para abrir boca, los blogastrónomos nos daremos una vuelta por el epicentro de la zona de los vinos herculina. Por favor, ¡que terminen de pintar La Bombilla!
Aquí lo podréis leer en cuestión de unos días.
La vuelta al mundo en un solo Brooklyn
lunes, junio 29, 2009Inmejorablemente guiados por nuestros amigos Tony y Carmiña - estadounidenses pero hijos de gallegos, ¡gracias! - arrancamos la mañana flipando con los impresionantes palacetes de los judíos sirios que pueblan la larguísima Ocean Parkway, avenida que nos lleva directos a la siguiente etapa: Brighton Beach.
Brighton Beach - la pequeña Odessa -, muy cerquita de la tranquila y familiar Coney Island, ofrece un panorama de thriller moderno. Las vías del tren por encima de la avenida, una multitud por las aceras, tiendas con toldos y letreros alternando caracteres latinos y cirílicos, clubes y garitos, dicen, de la mafia rusa.
Volviendo hacia Manhattan, Borough Park es la zona de la comunidad judía ortodoxa. A mí no deja de abrumarme cómo en pleno siglo XXI las tradiciones religiosas pueden llevarse tan lejos. Los niños pequeños ya llevan la vestimenta negra y esbozan las coletas por debajo del sombrero; las mujeres, con peluca o pañuelo, sólo pueden enseñar el pelo a sus maridos; es viernes por la tarde, y todos se mueven con ajetreo para ultimar las compras de cara al encierro del sabbat...
No muy lejos, en torno a la octava avenida, se sitúa el barrio chino, mucho más extenso y chino que el de Manhattan: ni una cámara, ni unas bermudas, ni un rostro occidental a la vista. Sin solución de continuidad, un par de avenidas más allá - muy cerca de Greenwod - los caracteres chinos son sustituidos por el reggaeton a todo volumen: llegamos a territorio portorriqueño.
De nuevo hacia la costa, en poco tiempo llegamos al hasta hace no demasiado temido Red Hook. Antiguo barrio portuario, entre viejos almacenes abandonados y fábricas en ruinas, emergen paulatinamente zonas residenciales para los adinerados, con unas vistas a la bahía inmejorables.
Pero, por supuesto, los blancos ricos tienen ya sus zonas totalmente consolidadas. Una de ellas es Brooklyn Heights, con pintorescas calles arboladas, viviendas de piedra roja y pasamanos de forja. Y, cómo no, con las mejores vistas, por encima de los últimos almacenes que esperan, pacientes, que las grúas se los lleven por delante para construir un parque.
DUMBO es la zona de moda para jóvenes parejas de alto poder adquisitivo. Nombrada a partir del amor de los neoyorquinos por los acrónimos (Down Under the Manhattan Bridge Overpass), alberga edificios nuevos estratégicamente ubicados al pie de los puentes de Brooklyn y Manhattan.
Más al norte, Williamsburg es un barrio joven, en el que las viviendas van de manera gradual sustituyendo a las fábricas, y en el que conviven multitud de etnias y razas. Poco a poco se va abriendo al mar, con parques junto al río como el de la foto.
Y, por supuesto, el símbolo de Brooklyn: el puente.
Templos de la fast food neoyorquina (i): Burger Joint
viernes, junio 26, 2009Pero claro, por otro lado, para cinco días que estás en la gran manzana, tampoco es plan condicionar lo turístico con horarios fijos y reservas. En consecuencia, limitamos las grandes experiencias gastronómicas a una - ya os la contaré, japonesa ella -, pero a cambio conocimos curiosos garitos a los que, permitidme, denominaré templos de la fast food neoyorquina, a cual más friki. Comenzamos por el Burger Joint.
Imaginaos que detrás de la recepción del Hotel Palace en Madrid hay escondida una churrería. Chocante, ¿no? Pues lo del Burger Joint es algo parecido. El hotel Le Parker Meridien es uno de los más posh de NYC, dicen que con unas espectaculares vistas de Central Park desde sus habitaciones más altas. Pues bien, en el espectacular lobby, escondido en un estrecho pasillo tras la recepción, se encuentra tal que el siguiente garito.
Cutre de narices, apenas treinta metros cuadrados, con una micrococina en la que no sé cómo cabían tantos cocineros - eso sí, sin humo, maravillosa ley - y con una cola que salía del local. Ése es uno de los lugares de culto de la hamburguesa en Nueva York.
El algoritmo para obtenerla es bien sencillo. Uno: hágase paciente cola. Dos: cántesele a la persona que te atienda en el mostrador, "hamburger" o "cheeseburger", a gusto. Tres: indíquese el punto de la carne. Cuatro: selecciónense los acompañantes (lechuga, tomate, cebolla, pepinillos, mostaza, ketchup) o, alternativamente, pídase "The Works", que significa que te pongan de todo. Cinco: pídase la bebida. Seis: sáquense los codos para pelear duramente por una mesa.
Por supuesto, mi petición fue una cheeseburger poco hecha The Works ($7,50) y una cerveza (medio litro en vaso de plástico). El resultado, el siguiente:
Observad la maestría - pinchad en la foto para verla en grande - para darle el toque grasiento. ¡Qué manera de empapar el papel, qué lujo! ¡Cómo se desparrama ese queso naranja!
Y sin embargo, señores, la hamburguesa estaba de coña. Rojita por dentro, sabrosa, tierna. Tuve que quitarme el sombrero: estos yankis son un prodigio digno de admiración para la comida rápida. Así estaba de abarrotado el garito, claro. Anotadlo, que merece la pena. (Gracias, Esther, por la pista)
[Burger Joint / 119W 56th St, en el hotel Parker Meridien / Ubicación]

















