Situada justo enfrente del mercado, la tienda ocupa un largo sótano. Al terminar de bajar las escaleras, lo primero que llama la atención es la moderna decoración, en tonos de madera clara y con luces indirectas muy tenues, todavía más en la zona de bodega. Al fondo, unos paneles ocultan el acceso al showroom que Pao de Toxo pone a disposición de sus asociados (quienes disfrutan también de un descuento sobre el PVP en sus compras).
La selección de productos es bien interesante. Según entras, a la izquierda, la bodega presenta unas ciento cincuenta referencias de muy diversas DOs. Los representantes gallegos son notables, aunque yo agradecería que su peso en el conjunto fuera mayor. Llama la atención, más adelante, la cámara de quesos, con fuerte presencia de ingleses y franceses. Asimismo, es completa la oferta de aceites, foies o confituras, entre otros productos.
Pao de Toxo es una tienda degustación. Quiere esto decir que uno puede llegarse por allí con sus amigos, comprar una botella de buen vino y un queso o unas conservas, tomárselos y pagarlos a precio de tienda. Lo cual está francamente bien. Además, diversas actividades completan la oferta del local.
Mi visita fue bien breve, poco más de diez minutos. Suficiente para que, amablemente, me enseñaran la tienda completa y me contaran lo que os he resumido en estas líneas. Cayeron un par de piezas, of course. Una botella de Lobarzán IS 2009 y un quesu Afuega'l Pitu, Rey Silo (que preparé, por cierto, sobre una tosta con algo de tomate, unos minutos al horno, y rematado con un chorrito de aceite).
Creo que no tardaré en volver para bajarme una botellita en buena compañía.
[Pao de Toxo / Plaza de Lugo, 23 - 981.907442 / Ubicación]
(Las fotos son tomadas de la página en Facebook de Pao de Toxo)
Un pequeño bocadillo de ensalada caprese: pan de cereales, mozzarella, tomate y albahaca. Fresco y sabroso. Hamburguesa gallega gourmet: ternera gallega, gorda y rojita; queso del país fundido; tomate y cebolla en buen pan; al lado, rodajas de patata de Coristanco cocida (ocho euros y pico). Tarta banoffee para cerrar: fondo de galleta, dulce de leche, plátano y nata montada. Ligera poco, pero rica mucho. Para volver con calma y hacerle un post.
[Pandelino / Rosalía de Castro, 7 - 981.207584 / Ubicación]
(Foto tomada del Facebook de Pandelino)
Poco ha cambiado el espacio del restaurante. Una luz menos íntima, más fría (a mí me gusta menos); un color oscuro en la mitad inferior de la pared; una mesa más, en el centro, lo que eleva la capacidad del local hasta la veintena de comensales, reducida en cualquier caso. Curiosamente nos tocó la que era "nuestra mesa" en la etapa de Jordán; el grueso de la gente llegó cuando la cena estaba bien avanzada y no tuvimos ningún problema de ritmo: no sé si esa diminuta cocina dará para atender la sala llena sin demoras.
Cómo no, al ser nuestra primera visita, elegimos el menú gastronómico. De la mano del propio chef, configuramos el mismo sobre la base de las propuestas de la carta: por primera vez en mucho tiempo, era la carne la que predominaba sobre el pescado. Por eso elegimos un tinto frutal y fácil, Tres Picos Garnacha 2009 (D.O. Campo de Borja).
Tras el aperitivo - una crema de calabaza con albahaca - llegó una conseguida escalibada con ventresca de bonito, buena manera de empezar. Siguieron las mollejas confitadas con boletus y yema de huevo rellena de trufa de la primera foto del post. Muy bien las mollejas - gran textura - y el fondo; quizás una yema todavía líquida en su interior, que se derramase sobre la carne al partirla, le habría dado más interés al plato.
Luego le llegó el turno al pescado. Unos rapitos sobresalientes de punto bien acompañados por el arroz de berberechos y puntillas. Y para cerrar, manitas de cerdo deshuesadas y prensadas, con calabaza, un estupendo puré de castaña y brotes de rabanito. No soy muy amigo de la carne gelatinosa, pero la Sra Foucellas dio su visto bueno al plato.
El postre, menos notable, consistió en un bizcocho de nuez - demasiado compacto - con crema de whisky y un bien resuelto helado de caramelo. Cmpletó el apartado dulce una teja que tomamos con los cafés.
El menú gastronómico tiene un precio de 27 euros. Si le añadimos el vino, el agua y los cafés (la casa invitó a la segunda ronda), pagamos cuarenta euros por cabeza. Muy buena relación calidad-precio.
En fin, situaría a David Abuín en la línea de Artabria o del cerrado Agar-Agar. Una propuesta diferente y personal, bien ejecutada y con unos precios muy contenidos (ninguna de las propuestas de la carta supera los 16 euros). Si le añadimos un local pequeño, que permite atar en corto los gastos fijos en atribulados tiempos como estos, tiene todos los ingredientes para situarse como una buena referencia en la ciudad.
[David Abuín / San José, 2 - 981.922782 / Ubicación]




