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Mostrando publicacións desta data: maio, 2012

Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Los colores de Valparaíso

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L a deliciosa decrepitud de Oporto. Ese es el título de un post que escribía hace unos meses a la vuelta de una breve escapada por la ciudad portuguesa. Título que no logré quitarme de la cabeza en ningún momento de la soleada jornada de otoño que dediqué a subir y bajar por los cerros de Valparaíso. Porque esa misma sensación de exquisita decadencia, casi ruina en algunas zonas, es la que alimenta la visita por la villa porteña. Valparaíso fue el principal puerto del Pacífico a principios del XIX. Ese hecho, junto a su peculiarísima geografía – una bahía acordonada por 42 cerros, por los que trepan desordenadas, caóticas, ansiosas por llegar a la cumbre miles de pequeñas casas de vivos colores – conforman un entorno urbano poco menos que imposible de describir con palabras o fotos. El Barrio Puerto, al pie del Cerro Artillería, es el mejor reflejo del ambiente portuario que se respira por toda la ciudad, bulliciosa y concurrida. Ambiente que se torna en cosmopolitismo...

El mejor banco del mundo... está en Ortegal

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D espués de un mes y medio lejos de Galicia, tenía un fin de semana para disfrutar de la tierra con la familia: el último en mucho tiempo. Elegimos Ortegal, una de las zonas menos explotadas para el turismo y, quizás por eso, una de las más bellas. Aprovechamos para recorrer lugares ya conocidos – recogidos en este post y en este otro – y para conocer otros nuevos. Os cuento lo que fueron esas apenas treinta y seis horas. La primera parada, a media mañana, fue la inmensa soledad de la Praia de Morouzos, en Ortigueira. La niebla que protagonizaría la tarde bajaba ya por Ortegal, pero los aguillóns todavía permanecían visibles a lo lejos. Tras pasear un buen rato por el desierto arenal, tomamos rumbo a O Barqueiro. Me encantan las casas colgadas de la ladera, como protegiendo el diminuto puerto. La terraza de O’Forno es un buen lugar para tomar un aperitivo o comer mientras se contempla el pueblo y la ría, con O Vicedo al fondo: berberechos, bonito en rollo, navajas y vino. Desde ...