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Mostrando publicacións desta data: xaneiro, 2013

Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Colchagua Camp: "glamping" entre viñedos

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B uscando alojamiento para nuestro Colchagua on the road me encontré con este neologismo: " glamping ", un camping donde se rescata el contacto con lo natural y agreste, pero sin relegar el confort ni el glamour. El responsable de tal término es Colchagua Camp, una alternativa muy joven y bien diferente en el epicentro del valle, muy cerca de Santa Cruz. Y como quiera que su página web lo pinta muy atractivo, hicimos nuestra reserva para dos noches. Colchagua Camp ofrece lo que promete: naturaleza, mucha naturaleza, y unos domos que permiten el contacto con la misma sin renunciar a una estancia confortable. Tres domos, en concreto, situados sobre sendas plataformas de madera que acogen asimismo el hot tub que se calienta con leña - un placer que no tuvimos tiempo a disfrutar, pero que al fresco de la noche estrellada tiene que ser un lujo - y el baño. El interior del domo es amplio, con una buena cama, un par de sillas y una mesita. Lo mejor es que estás a un paso d...

Ópera: un trozo de la campiña francesa en el centro de Santiago

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S upongo que casi todos vosotros habréis visto Ratatouille (si hay alguno que no, el consejo es que la vea cuanto antes y que se salte este párrafo). Al final de la película, el malvado crítico Anton Ego prueba el ratatouille que ha preparado Remy e instantáneamente se traslada a su infancia en el campo, a los sabores y olores de la cocina de su madre. Algo así pasa cuando se entra a la elegante sala del Ópera si ya hay mesas servidas. Los aromas son los de las largas cocciones, los de las salsas ligadas y espesas, los de las carnes de intensos sabores. Una cocina que Frank Dieudonne, en su segunda etapa en el restaurante, eleva a su máxima expresión. Después de un delicioso bocado de tártaro de res a modo de aperitivo, compartimos una terrina de carne de pato desmenuzada, confitada en su propia grasa, con un centro de foie gras. Como a Anton Ego, a mí me vino el recuerdo de mi tierra: los rixós que tanto echo de menos. Pero con una sutileza y un refinamiento sobresalientes (que n...