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Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Las primeras nieves

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A bril está a punto de terminar, lo que equivale a finales de octubre en el hemisferio norte. Si hace sol, los termómetros se acercan todavía a los veinte grados en la tarde de Santiago. Pero al fondo, sobre la inmensa mole de los Andes, la nieve ya ha hecho acto de presencia. En el corazón de la ciudad, a pocos pasos de La Chascona de Neruda, el bullicioso barrio de Bellavista alberga el punto de partida del funicular que remonta el cerro de San Cristóbal. Desde lo alto, mirando al poniente, los altos edificios de la comuna de Las Condes - Sanhattan - se recortan contra el horizonte pardo y blanco. En primer término, la torre del Costanera Center - todavía inconclusa: será el mayor rascacielos de Sudamérica, con 300 metros de altura y 70 plantas - empequeñece el resto del skyline santiaguino. Una vista que merece la pena disfrutar.

El señorío escondido de Pazos de Arenteiro

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A espaldas de la milla de oro del Avia, de la exhuberancia del Coto de Gomariz, como avergonzada por haber pasado tiempos muchos mejores, se esconde la villa de Pazos de Arenteiro, en su día emplazamiento de la hidalguía que prosperó alrededor del Ribeiro. Apenas un vestigio de lo que probablemente fue, el patrimonio de este pequeño pueblo de menos de cien habitantes es tan apabullante como desconocido (supongo que también para nuestros gobernantes). Pazos de Arenteiro [ ubicación ] es una piedra preciosa todavía sin pulir para el turismo, escribía Pedro Retamar en El País en 2003. Su artículo tiene plena vigencia casi diez años después. Fachadas blasonadas, pazos señoriales devorados por la vegetación, casas hidalgas medio derruidas pero que resisten orgullosamente, la románica iglesia de San Salvador del XII-XIII. Uno de esos pazos, el Pazo da Encomenda , es hoy una hospedería rural, tras la rehabilitación de César Portela que no creo que deje indiferente a nadie. No ...

Casablanca: el valle de los blancos

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C hile es el séptimo productor de vino del mundo y el quinto exportador, sólo por detrás de Francia, España, Italia y Australia. Su oferta, por tanto, es amplísima. No era fácil decidir por dónde empezar a aprender, pero con ayuda de una prestada Guía de Vinos de Chile 2010 tuve claro que los valles de Casablanca, Leyda y San Antonio serían mis primeros destinos. De clima más frío y cercanos al océano, son los valles con la mejor producción de blancos del país. Pensé que serían a Chile lo que Galicia a España y además están a menos de 100 Km de Santiago. Así que tomé la Ruta 68 hacia Valparaíso y allá que me fui. Os voy a ahorrar la historia de las bodegas y de los vinos que probé. La asociación de productores tiene una web bastante completa con nutrida información y muy buenas imágenes. Pero sí haré mención a las tres cosas que más me llamaron la atención durante la excursión. La primera, el tamaño. Acostumbrado al minifundismo gallego, las cifras que me dieron me dejaron u...

Arde el corazón de Galicia #SOSFragasdoEume

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H ace apenas unas semanas, poco antes de venirme para Chile, aprovechamos el carnaval para dar con los pantagrueliños un buen paseo por las Fragas do Eume, visita al Mosteiro de Caaveiro incluida. Saqué unas cuantas fotos, la mayoría de los pequeños, felices mientras caminaban por el bosque sorteando troncos y regatos, aprendiendo los nombres de nuestros árboles. Lo que no sabía es que sería la última vez en años que podrían contemplar el maravilloso paisaje de la fraga; quizás nunca más en su vida puedan volver a disfrutarlo; quizás nunca se acuerden de que lo han disfrutado. Algún hijo de puta, con el impagable apoyo de la sempiterna dejadez de nuestras autoridades, ha terminado con una de las pocas maravillas que nos quedaban. Seguro que no es comparable a la que han sentido los eumeses, todos los gallegos, pero imaginaos la rabia y la frustración que supone seguir esta catástrofe a 11.000 kilómetros de distancia.

Mercado Central de Santiago

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E l Mercado Central de Santiago es uno de los destinos turísticos del centro histórico de la ciudad. Situado a tres cuadras de la Plaza de Armas, es un edificio de hierro de finales del XIX, con un gran patio central cuadrado, restaurado a su aspecto actual en 1983 ( aquí tenéis unas panorámicas 360° para haceros una buena idea). El espacio central - alto, ligero, pero abarrotado de gente - es una selva en la que los depredadores - los encargados de los negocios de restauración - acechan a la caza del turista despistado. Con éxito, a la vista de los centenares que a todas horas degustan las propuestas de los restaurantes. Yo caí también, por supuesto, que a eso íbamos. Y, acompañado de una generosa jarra de cerveza, di cuenta de unas machas (suerte de almejas) a la parmesana - receta bastante popular por estos pagos - y de unos choros zapato a la ostra. Esto último quiere decir unos mejillones de enorme tamaño abiertos al vapor; tan grandes que entran tres en una ración; pero, par...

230 Fifth: Nueva York desde los tejados

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L o tenía ya en el radar desde que leí en Time Out este artículo sobre los mejores rooftop bars de la ciudad. El comentario de un lector del blog (por cierto, magnífica su galería en flickr sobre Nueva York) me recordó que no debíamos perdernos el atardecer en el 230 Fifth, un bar situado en la terraza de un edificio de veinte pisos en la Quinta Avenida, muy cerca de Madison Square (en la que, por cierto, puedes tomarte una hamburguesa y un batido en Shake Shack , tras la correspondiente cola). Tanto el lounge del piso 20 como la terraza son espectaculares. Las vistas son inmejorables: al norte, los rascacielos del midtown, con su majestad el Empire State en primera línea; al sur, a lo lejos, la silueta de las moles del distrito financierto. Los cócteles ($14), bastante ricos. Y la música notable, en especial para los que frisamos la cuarentena. El bar abre a partir de las cuatro de la tarde, pero la hora ideal para acercarse es el atardecer (ojo: si vais en fin de semana, ...