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Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Las Cabras, las fuentes de soda y la coherencia

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F uera, la gente que sale del Metro camina apresurada, haciéndose como puede un espacio entre la valla que delimita las obras de la calle y los no pocos que hacen fila a la puerta del bar, junto al neón que grita "Comida rica". Dentro, desde sesentonas apitucadas hasta cabros con polera futbolística abarrotan el local de estricta estética retro . Los que no somos chilenos vemos las fuentes de soda como la adptación de los diner estadounidenses a la gastronomía local. Las Cabras respeta escrupulosamente esta estética: desde los azulejos en las paredes a los sillones, desde el espejo a los carteles, desde los cucuruchos de las servilletas a la barra del bar. Pero, sobre todo, Las Cabras es un alarde de coherencia. Quien lo impulsa es quien preside una maravillosa iniciativa por las cocinas de Chile . Y en la breve carta, desde los sánguches hasta el último guiso rezuman chilenidad. Comida directa, honesta, de la de siempre, de la de casa, sin renunciar a pequeños detalles...

El paisaje araucano

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A cabo de llegar de unos días en la Araucanía. Es mi cuarto viaje al sur de Chile - los tres anteriores fueron a Aysén, a Puerto Varas y la zona del lago Llanquihue y a las Torres del Paine - y no deja de sorprenderme la belleza de sus paisajes. Estoy muy al debe en posts de viajes, y también de restaurantes, pero no he podido resistirme a mostrar este pequeño avance en fotos de lo que hemos vivido esta semana. Prometo estar más activo próximamente, pero de momento disfrutad de las imágenes: creo que merecen mucho la pena. (De arriba a abajo: el volcán Villarrica desde Pucón; los ojos del lago Caburgúa; el volcán Villarrica tras el lago Tinquilco, tal como se aprecia desde el Parque Nacional Huerquehue y una joven araucaria junto a la Laguna Verde, en el mismo Parque).

Mirador de Matanzas: durmiendo sobre el Pacífico

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L a serpenteante carretera que une Navidad y Matanzas se topa con el Pacífico en el mirador sobre el Bosque de Calabacillo, una zona marítima protegida por la gran acumulación de esta alga. Poco después, un empinado camino parte a la izquierda elevándose abruptamente durante unas decenas de metros hasta llegar a las cabañas, que se abren, sin nada que interrumpa la vista, al infinito océano. Mirador de Matanzas está compuesto por cinco cabañas, cercanas pero convenientemente aisladas las unas de las otras. Su principal valor es la ubicación dominando el Pacífico, elevada un centenar de metros sobre él, y la configuración de las cabañas está diseñada para aprovecharlo al máximo. Desde cualquier punto de la casa, sea el salón o los dormitorios, los grandísimos ventanales proyectan, como si de un cine se tratara, una gran película azul de cielo y mar. El exterior no se queda atrás. Sobre un suelo de madera, tumbonas y sillas ofrecen largos minutos de descanso. Estratégicamente ubi...

Don Mario y las chochas de Coquimbo

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T enía que pasar por Coquimbo, así que me documenté para ver dónde comer bien. Según la guía de La CAV, Don Mario no debería fallar. Nos dirigimos a la tranquila ensenada de La Herradura, a espaldas del bullicio del puerto pesquero. En un camino de tierra, como queriendo esconderse tras una puerta que pasa desapercibida, espera el restaurante: objetos antiguos, aspecto de picá, un suelo inusualmente inclinado. Promete. El mozo, de los que sabe el oficio, nos canta la oferta. Cada día preparan únicamente el pescado y marisco fresco que encuentran en el puerto. Hoy, solamente tres opciones. El rollizo lo tomamos a la plancha, carnoso y jugoso, en su punto. El cascajo (cabrilla) llegó en recipiente de greda con una nutritiva salsa de mariscos: machas, locos, ostiones, camarones. Y el blanquillo, excepcional, frito con un rebozado finísimo y crocante, casi una tempura. Pero la parada en Coquimbo tenía una razón de ser. Fue Juan Morales, en su restaurant D.O. , quien nos descubrió l...

Una vez más, Nueva York

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N ueva York por quinta vez. En esta ocasión, con una gran novedad: nos llevamos a los pantagrueliños. Visitar una gran ciudad con niños supone un enorme cambio de ritmo pero, sobre todo, significa una mirada completamente nueva: la curiosidad se contagia, a todo se le busca un porqué, un cómo, un cuándo, un quién. Bastante he escrito ya aquí sobre Nueva York . Por esta vez, queden las fotos como comentario gráfico. Empezando por la gran novedad, las sacadas desde el helicóptero. Háganme caso los que visiten la gran manzana; bajen un poco el nivel de los restaurantes, vayan a un hotel más barato si es necesario, pero gástense los cuartos en sobrevolar Manhattan en helicóptero. Me agradecerán el consejo.

Garage Wine Co & 99 Restaurant: maridaje de espíritus libres

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M e puedo imaginar a Derek recorriendo las tierras del Maule a bordo de su furgoneta. Abordando a los productores de uva con esa divertida mezcla entre su fuerte acento gringo (es canadiense) y el perfecto manejo de los modismos chilenos. Devorando kilómetros en busca del carignan y de la garnacha del secano maulino, ese tesoro chileno al que solo ahora empieza a prestársele alguna atención. Explicándoles que quiere hacer el vino con sus propias manos. Pintar y lacrar las botellas una a una. El resultado de esa locura es un vino que cautiva desde que se prueba. Nunca olvidaré aquella botella de Carignan Lot #34 que probé en Bocanáriz . Automáticamente compré las pocas que quedaban en el local. Por eso, tardé dos minutos en confirmar mi reserva en cuanto recibí el correo anunciando la cena maridada con los vinos de Garage Wine Co en un lugar tan interesante como el 99 Restaurant . Allí estaban Derek y Pilar. Allí estaba el Old Vine Pale #38, ese rosado a base de carignan, mourvedre ...

Naoki (Vitacura): donde se juntan la técnica japonesa y el producto chileno

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L o conocí casi recién abierto. Era una noche en la que cenaba solo, tras un día durísimo en el trabajo. Pese a que no llevaba el mejor ánimo, me encantó. Ese mismo fin de semana repetía con la familia ( este post es de aquellos días) y tuve mi primera charla con Marcos. Desde entonces, es nuestro restaurante de cabecera. No hay mes en que no nos dejemos caer un par de veces por Naoki, generalmente los sábados, y si puedo le añado alguna cena de trabajo. No hay mejor cosa que un restaurante suficientemente pequeño - algo, por desgracia, muy poco común en Santiago - como para que te conozcan. Para que conozcan tus gustos, en realidad. Y más si se trata de un restaurante japonés, en el que la variedad de técnicas es virtualmente infinita. Así, cada visita a Naoki es un equilibrio entre los clásicos que pedimos siempre y lo que va enviando Marcos desde la barra en función del material que tenga ese día, descubriéndonos sabores y preparaciones. La última, la de ayer, la dejamos complet...