Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Restaurante Yandiola (Bilbao)

Como estamos en una etapa - breve, espero - de descanso al estómago después de la paliza de las fechas navideñas, toca hoy tirar de recuerdos y retroceder al pasado verano, al mes de agosto en concreto, durante el cual pasamos unos días en Bilbao y Vitoria. Tuvimos la suerte de tomar una de las cenas en el Restaurante Yandiola, muy cerca del Casco Viejo bilbaíno.

El par de días en Bizkaia nos dio, entre otras cosas, para conocer parte de su costa, para disfrutar de una cena en el Kate Zaharra y para hacer lo propio en el Yandiola [Paseo del Campo Volantín, 15. / 944.134013].

Pese a que nos lo habían recomendado, dudamos si adentrarnos en el restaurante. Junto al río, muy cerca del puente Zubi Zuri y del ayuntamiento, el local es de decoración y presencia muy agradable, pero aparecía vacío. Nada más lejos de la realidad: aunque tiene unas mesas junto a la entrada, el grueso del local no se puede contemplar desde la misma; nos acompañaron hasta nuestra mesa, prácticamente la única libre en aquel momento.

La cena fue excelente. Realmente, muy buena. Comenzamos por el laureado plato del chef Ricardo Pérez: láminas de bacalao, olivas negras y anchoas ahumadas con jugo de tomate. Tan bueno como su nombre sugiere [lamentablemente, por aquellas fechas era un blogastrónomo amateur, y no me dedicaba a sacarle fotos a los platos: una lástima, en este caso concreto].

De segundos, un arroz negro cremoso con chipirones de la ría, notable. Y, especialmente, una merluza al horno con patatas panadera y creo recordar que queso Idiazábal semifundido [disculpad lo breve de las descripciones y las dudas: han pasado ya algunos meses y - hay que ver cómo cambian los puntos de vista de uno - no me fijaba tanto en los platos] que se sitúa, sin duda, entre las mejores que jamás he tomado.

De postres, goshua y tartaleta de manzanas con helado de vainilla, en la línea del resto de la comida. Con un Albariño - la tierra tira - para acompañar el pescado y un par de cafés, unos 90 euros. Muy recomendable.

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