Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

Imaxe
Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

La imponente sombra de las torres de San Gimignano

Curva tras curva, la carretera asciende desde Colle di Val d'Elsa hasta la etrusca Volterra. Tras un par de requiebros especialmente cerrados, ya bastante en lo alto, la vegetación da una tregua. A la derecha, muy lejos, se adivinan las torres de San Gimignano.

Ante el perfil de la ciudad, necesariamente uno se traslada mil años atrás: San Gimignano era parada obligada en la Vía Francigena, camino de peregrinación desde Canterbury a Roma. Me imagino la impresión de los peregrinos ante la primera imagen de la ciudad: en el duecento llegaron a contarse 72 torres - hoy permanecen catorce -, símbolo del esplendor económico de San Gimignano, de la riqueza de sus gremios, de la ostentación de sus nobles.

La Piazza del Duomo alberga los edificios institucionales - el propio duomo, también el palazzo comunale -, pero el verdadero centro vital de San Gimignano es la triangular Piazza della Cisterna, así llamada por el pozo que hay en su centro. Un café en alguna de sus terrazas es obligatorio; o, mejor, un helado en la que, dicen, es la mejor heladería del mundo. No pudimos comprobarlo - cerrada por reformas - pero sí que su competencia en la propia plaza está a un excelente nivel.

Finalmente, hay que subir a alguna de sus torres para contemplar la ciudad a vista de pájaro. La Torre Grossa, la del ayuntamiento, está abierta al público. Desde lo alto, no sólo se dominan los rojos tejados y las callejuelas repletas de comercios a la pesca del turista. También la vasta extensión sobre la que, algún día, reinaban las torres de San Gimignano. Si es que han dejado de hacerlo.

Comentarios