Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Doménech i Montaner: el Poulidor del modernismo

Raymond Poulidor, ciclista francés en activo en los años 60 y 70, terminó tres veces segundo y cinco veces tercero el Tour de Francia. Era un ciclista excepcional, pero tuvo la mala suerte de coincidir con Jacques Anquetil y Eddy Merckx, por lo que muy pocos se acuerdan de él. A Lluis Doménech i Montaner le pasa algo parecido: su inmenso talento vive a la sombra del genial Antonio Gaudí, pero no por ello sus obras dejan de ser maravillosas. En nuestra reciente escapada a Barcelona pudimos visitar dos de ellas: el Hospital de Sant Pau y el Palau de la Música.

Igual que en la Manzana de la Discordia del Paseo de Gracia compiten por la atención del público la Casa Batlló y la Casa Lléo i Morera, la Avenida Gaudí rompe en diagonal la monotonía urbanística del ensanche para enfrentar la Sagrada Familia con el Hospital de Sant Pau, separados apenas unos cientos de metros.

El Hospital de Sant Pau [ubicación] se construyó en el arranque del s.XX con la misión de sustituir al de la Santa Creu, todavía visitable en el Raval, que durante quinientos años había sido el centro sanitario principal de la ciudad. Financiado por el mecenas Pau Gil - del cual toma el nombre -, Domenech i Riera proyectó ocupar nueve manzanas del ensanche con 46 pabellones - sólo parte se edificaron - comunicados por túneles subterráneos. El resultado del genio del arquitecto es espectacular, pese al estado de semiabandono de parte de los edificios y de las obras encargadas de recuperarlos.

Más impresionante que Sant Pau, un edificio que recorres con la boca abierta desde que entras hasta que sales, es el Palau de la Música [ubicación]. De manera paralela al hospital, el Palau se levanta en los mismos años, con financiación privada y también como nueva sede, en este caso para el Orfeón Catalán. El edificio es una obra maestra y la sala de conciertos, sencillamente indescriptible: nadie debe perderse la visita guiada por el Palau. En este caso, lo de la imagen y las mil palabras cobra su máxima significación (como durante la visita no está permitido sacar fotos, las del interior las tomo de la Wikipedia).

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