Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Zabo: sushi & cócteles sobre los tejados de Bellavista

Para disfrutar de una gran velada gastronómica es necesario, desde luego, que el restaurante - su cocina, pero también su servicio, su carta de vinos o su decoración - esté a la altura de las circunstancias. Pero no es suficiente. El comensal tiene que poner de su parte. Tiene que ir dispuesto a disfrutar, con ganas de contribuir a esa experiencia, casi a esforzarse por darle réplica a las propuestas del chef; como mínimo, la curiosidad por conocer y explorar debe estar a flor de piel.

Aunque no siempre uno tiene el cuerpo preparado para ello. Hay veces en las que simplemente apetece pasar un rato relajado, en un lugar agradable, con comida sencilla, conocida, que no va a exigir esa actitud alerta pero que va a entregar suficiente satisfacción. Para esos días menos exigentes, Zabo Bellavista (el local original se mantiene en Lastarria) es una opción idónea.

La terraza del segundo piso es realmente acogedora. El sol brilla desde lo alto del Cerro llenando de cálida luz el espacio: mesas y sillas de madera, sofás rojos, espejos. Enfrente, las casonas enseñoreándose de Dardignac.

Zabo es sushi y cócteles: "sushi & cocktail experience", así abre su página web. De modo que no nos complicamos demasiado a la hora de elegir. Un mango madness notable (vodka, Absolut mango, crema de coco, durazno y granadina) y un mango sour. Algo de sashimi (bien el salmón, muy justito el atún) y tres rolls: el acevichado (camarón y palta, envuelto en atún y con salsa de ceviche), correcto; el Dragón (camarón, cebollín, queso crema, masago, envuelto en anguila y palta), mejor; y el Ibérico Tempura, el más destacado por distinto (jamón crudo, albahaca y palta en tempura con una interesante salsa de cilantro). Cayó algún pisco sour adicional para tomarnos lo anterior.

Me gustó mucho el suspiro de Maracuyá, una versión del clásico peruano en la que el intenso cítrico de la fruta balancea muy bien el dulzor del original. Y, tras el postre, un par de cafés para cerrar. En total, menos de 20.000 pesos por cabeza (unos 30 euros).

En fin, Zabo es un lugar a tener en cuenta para una cena tempranera en compañía de amigos. Para una velada en la que la conversación y la  diversión primen, bien acompañadas por platos y bebidas que se dejan tomar con facilidad, que no reclaman más protagonismo del necesario.

[Zabo / Dardignac 191 - Providencia / Ubicación]

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