Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

Imaxe
Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

La casa en la montaña (Cajón del Maipo)

Es un verdadero privilegio que apenas unos cuantos kilómetros más allá de la última casa de una gran urbe como Santiago existan paisajes como los que ofrece el Cajón del Maipo. Y que se ofrezcan, también, alojamientos con la personalidad y la ubicación de la Casa en la Montaña: un refugio recóndito a pasos del smog de la ciudad.

Desde la carretera que conduce a San José del Maipo, a la altura de El Canelo, hay que subir un muy empinado y retorcido camino de tierra que se eleva por encima de los 1.000 metros hasta llegar al conjunto de tres cabañas de madera, ocultas entre peumos, arrayanes y litres.

La más grande, Los Robles, es simplemente espectacular. Ese gran salón-comedor de altos techos y amplios ventanales. El dormitorio del piso alto, una atalaya para contemplar las deliciosas vistas, solo superadas por las de la pequeña cúpula mirador a la que se accede por una escalera de mano. El amplísimo baño y la luminosa cocina. Y los porches que rodean la casa, una invitación a sentarse y contemplar el valle. En total, tres dormitorios para que duerman sin problema siete personas. (El precio es de 140.000 pesos la noche, unos 210 euros)

Los espacios comunes no se quedan atrás. Me gustó especialmente el área del quincho, en el que degustar un buen asado mientras se contemplan los cerros nevados al fondo (en nuestro caso, fuimos tres familias y ocupamos toda la propiedad: no sé cómo se gestionará el uso de los espacios comunes cuando se arrienda solo una de las cabañas). En el verano, imagino que será un placer disfrutar de la piscina.

Las dos cabañas pequeñas - Los Guindos y El Canelo - no son majestuosas, como Los Robles, pero están perfectamente preparadas. Tienen dos dormitorios y acogen a cuatro personas. Tienen también sus pequeños porches con parrilla para el asado. (El precio es de 80.000 pesos, unos 120 euros)

Sin necesidad de tomar el auto, los amantes del senderismo tienen posibilidades de adentrarse en la montaña. Por ejemplo, en poco más de una hora a ritmo de niños pequeños, se asciende primero y se desciende después, a través de un espeso bosque en el último tramo, hasta las Pozas del Canelo, conformadas por el descenso de una cascada entre las rocas. Un paisaje digno de verse y de caminarse.

En fin, una fantástica opción para un fin de semana fuera de la ciudad pero a minutos de la ciudad. En las nieves del invierno o en el calor del verano. Y si se pueden juntar tres o cuatro familias para ocupar toda la propiedad, usando Los Robles como base de operaciones y disfrutando en exclusiva de las zonas comunes (¡ese quincho!), pues aún mucho mejor.

(Esta última foto está tomada de la página en Facebook de La Casa de la Montaña)

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