Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Sin más, Pez Quiero (Vitacura)



No sobran, a mi juicio, las alternativas para tomar buen pescado en Santiago (a la espera de la ansiadísima La Calma, de los chicos de La Caleta). Si excluimos japoneses y peruanos de postín, nos quedan unos cuantos clásicos: El Ancla, Miraolas o La Tasca de Altamar entre ellos. Clásicos bien clásicos, con lo bueno de lo seguro pero con poco espacio para la innovación.

Emilio Peschiera, curtido en mil aventuras empresariales en el rubro, viene a cubrir inteligentemente este espacio con una propuesta versátil en Pez Quiero. Una carta basada únicamente en pescados y mariscos permite optar por la vía peruana si es lo que apetece, desde la entrada - tiraditos, cebiches - al postre.

Pero es más interesante la vía chilena, no exenta de aportes menos tradicionales. Como el carpaccio de locos con salsa pesto y olivo y queso parmesano. O los notables pejerreyes en dos tiempos, especialmente los rebozados con pebre, mejores que los acompañados por leche de tigre y cremoso de albahaca. Oficio en el tataki de atún con salsa de maracuyá, emulsión de soya y wantán crocante.



En los fondos, fish'n chips, aquel día de róbalo perfectamente frito (foto que abre el post). Y un sabroso anticucho de mero sobre arroz meloso que denota que la cocina sabe perfectamente lo que hace.


Los glotones como yo no podemos escapar a la vía peruana si en la carta de postres aparece un suspiro limeño de chirimoya, tan dulce como estético.


En fin, propuesta para valorar la de Peschiera, como casi todas las suyas (aunque a mí Carneros no me convenció en absoluto). Los amantes del océano tienen en este local de aires marineros, escueto y con varias terrazas para los atardeceres, una amplia carta de pescados y mariscos, tanto en el producto como en las preparaciones. Y van a tener saber hacer en la cocina, combinando lo seguro con un cierto toque diferente, sin renunciar a lo chileno. Pez quiero.


[Pez Quiero / Av. San José María Escrivá de Balaguer, 6400 (Borderrío) - Vitacura]

[La foto del local está tomada de la web del restaurante]

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