Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

Imaxe
Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Navegando por la bahía de Paraty


Desde primera hora de la mañana, decenas de pequeñas embarcaciones de pesca, acicaladas para la ocasión, se apiñan en el cais de Paraty esperando por los turistas. La navegación por la bahía de aguas verdes es uno de los mayores atractivos de la ciudad colonial de calles empedradas y casitas encaladas que presentábamos en un post anterior.


Los botes de pescadores son la alternativa a las grandes embarcaciones que se anuncian al final del muelle. Por unos 70 reales a la hora, se dispone de un transporte privado que acomoda fácilmente a seis u ocho personas para un paseo totalmente a medida entre calas e islas.



De vagar, con tranquilidad sudamericana, el bote se aleja de la orilla de casas blancas y pronto escarpadas costas de bosques tropicales colman el paisaje. El perfil de la bahía de Paraty es muy sinuoso, con numerosos recovecos que esconden .- literalmente - cientos de pequeñas calas y playas (como la de la imagen que abre el post) que vamos recorriendo a instancias de nuestro guía.

Ancla al fondo, chapuzón en el agua templada, paseo por una arena en la que se graban las primeras huellas del día y de vuelta al barco para repetir un par de ocasiones más, hasta que el hambre se impone. En ese momento, rumbo hacia alguna de las playas que tienen pequeños chiringuitos ofreciendo, recién pescado, el peixe á grelha.




Tras el almuerzo, camino de vuelta a Paraty, flanqueando alguno de los barcos grandes que también está de regreso y bordeando varias de las magníficas islas-mansión con las que cualquiera soñaría. El premio final, el perfil blanco de Paraty y sus iglesias recortándose contra las selváticas montañas que separan este pequeño paraíso del mundo, del ruido, de hoy.






Comentarios

  1. He tenido el honor de visitar la preciosa bahía de Paraty, y he de decir que es de lo más hermoso y único que he visto en el mundo. La mezcla de ese paisaje de casitas en el agua, para las personas que no acostumbramos a verlo es mágico. Me encantó el post, muchas gracias.

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