Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

Imaxe
Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Rokai: una gran barra de sushi en México DF


Martes, 6pm. México DF. El avión sale a la una de la madrugada, así que decido llegar al vuelo con el estómago satisfecho. Verifico - iluso - que ni en Pujol ni en Quintonil se puede conseguir una mesa para cenar en el mismo día. Plan B: seguro que hay buenos japoneses en una ciudad tan grande. Abro Google y comienzo a buscar. He desarrollado una especie de sexto sentido en la valoración de restaurantes japoneses solo a través de lo que googleo. Me fijo en las fotos de lo que sirven, en el menú si lo publican, en su Instagram, busco palabras clave. Edomae, posibilidad de reserva en la barra. Vamos a Cuauhtémoc, que no está demasiado lejos de Polanco. Rokai.


Me siento en la barra y observo. Reviso el menú, ojeo lo que se toma a mi lado, vigilo por un breve rato los movimientos del itamae. Debe de ser por tener grandes maestros como Andrés o Marcos, pero apenas llevo cinco minutos sentado y ya sé que va a ser una cena para recordar.

Pido la poco poética opción "Omakasé B". Tras el sashimi (¡qué jurel!) y el plato caliente (chawanmushi con king crab), la confianza en lo que viene es ya total. Empieza el desfile de nigiri. Primero, el corte de todos los pescados y la exposición (lástima de foto) ante mis ojos. Luego, uno a uno, los nigiri: con el toque justo de wasabi, pincelada de soja, arroz en la temperatura adecuada y siempre algún toque menor, discreto pero presente. Lubina, otra vez jurel, un salmón noruego con una grasa memorable, el atún - akami, chutoro, ohtoro... También el gunkan de erizo, vuelven los nigiri con un unagi-foie y un waygu sopleteado de impresión. Para rematar, un temaki de atún con rábano encurtido y la obligatoria miso. En fin, un festival.







Pues sí. México vive, injustamente, a la sombra de Perú, cuando su cocina es excelente y tan variada como la peruana. Pero ahora he descubierto que en su capital también hay magníficos restaurantes de otras cocinas. Al menos, japoneses.

[Rokai / Río Ebro, 87 - Cuauhtémoc - CDMX / Ubicación]

[Foto de apertura tomada del Instagram de Rokai]

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