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Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

#Coruña2017 Capítulo 1: los que se consolidan

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H an pasado su segundo invierno, ese valle de la muerte en el que el factor novedad ya no juega a favor. Surgieron tras la crisis, en el centro de la ciudad, buscando la manera de conciliar versatilidad y calidad para ser exitosos. Y, a la vista de los hechos, lo han logrado, lo que es una buenísima noticia. Lagar da Estrella . La madurez No exagero si digo que Lagar da Estrella fue el motivo por el que volví a escribir, tras año y medio de parón en el blog. Lo conocí durante la expedición del año pasado y me gustó tanto que repetí. Así que este 2017 no podía faltar. Sobre la experiencia de 2016 contaba que en Lagar da Estrella se puede encontrar "un muy buen producto, mucho respeto por él y, sobre todo, una muy buena escuela". El menú que nos sirvió Alvaro Gantes este año no vino sino a corroborar esa sensación, aderezada con un añito más de madurez. De nuevo llegó a la mesa el verano, con todo su frescor, sabor y ligereza. Las ostras aliñadas. La xarda ahumada. ...

El equilibrio sin estridencias de Tegui (Buenos Aires)

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P ese a que es uno de los fijos en la lista más mediática de la gastronomía latinoamericana, hay algo en Tegui que trata de sumirnos en un ambiente de clandestinidad. Desde esa puerta negra casi invisible entre las paredes pintadas del viejo Palermo hasta el ruego de guardar los teléfonos para conservar recuerdos, no fotos. La luz que - desde el extremo opuesto a la cava de vinos - proviene de la cocina abierta es el único contrapunto al tenue ambiente de una sala que invita a disfrutar de la cena entre susurros. Tocar ese timbre casi escondido, franquear la puerta negra, es un viaje a las antípodas, de la antigua calle empedrada a la elegante atmósfera de Tegui. Es, también, el inicio de una experiencia milimetrada que comienza con una copa de espumante junto a la cava. Y que se presenta, al llegar a la mesa, con una tarjeta que anuncia el ingrediente principal de cada uno de los ocho salados y dos postres que componen el menú degustación, única alternativa ofrecida. La pro...

El Cerro

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Los visitantes recorren la animadísima Pío Nono, reflejo universitario del ambiente de Bellavista, hasta que se dan de bruces con la entrada al funicular, muy cerquita de La Chascona de Neruda, historia pura de Chile, literatura viva. Hacen la fila y suben, descubriendo poco a poco, entre los árboles, la inmensidad de Santiago. Una vez arriba, fotografían la infinita masa de edificios que se extiende hacia el sur, matizada por esa maldición gris que cubre la ciudad. Con seguridad sucumben al insoportable dulzor del  mote con huesillos que pervierte - turismo es turismo - el delicioso postre tradicional. Cuentan escaleras hasta que llegan al pie de la Virgen y, una vez más, retratan la abigarrada cuadrícula urbana. Quizás se sientan un rato a contemplar la vista entre el mar de gente. Es posible que caiga el sol tiñendo el cielo de rojo, si han elegido bien la hora. Y, por fin, obedecida disciplinadamente la guía de viajes, toman de regreso el funicular hacia el bullicio d...

Casa Alma: el sabor del Centro viaja a Recoleta

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Salvador Cocina y Café es un oasis dentro de las alternativas gastronómicas del centro de Santiago. Con el casi vecino Bar Nacional, enarbola la bandera de la chilenidad en la cocina, si bien Rolando Ortega, además, la trae al siglo XXI. Pero lo pequeño del lugar, lo ajetreado del barrio y las prisas de la hora de almuerzo en día laborable impiden que la experiencia sea completa. Quizás por eso, parecería que el emplazamiento de Casa Alma se escogió con una marcada carga declarativa. Por un lado, a unos pasos de La Vega, simbolizando que es el mercado el que determina la oferta del restaurante cada día. Por otro, en una preciosa casona entre Patronato y Bellavista que irradia calma, que invita a saborear el lugar tanto como la comida, en sus cuidadas estancias o en una terraza que promete cálidos atardeceres de verano. Pero vamos ya a lo que importa. La carta de Casa Alma es breve y directa. Media docena de entradas, otros tantos platos principales y un par de po...

Se vino La Calma a Santiago

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Bilagay. Lapa. Choro. Vieja. El Quisco. Caballa. Almeja. Ulte. Chigualoco. Corvina. Loco. Pejevieja. Erizo. Coquimbo. Rollizo. El Tabo. Chochas . Cochayuyo. Ostra. Sardina. Navajuela. Los Vilos. Calamar. Raya. Rollizo. Piure. Congrio. Cojinova. Quintay . Pejesapo. Cabrilla. Tunquén. Palometa. La costa central de Chile, desde Coquimbo a San Antonio. Tan generosa en opciones, tan fértil en producto como ignorada, incluso despreciada por el gran público. La magia de las caletas, de los artesanos que todos los días buscan lo mejor del mar, se materializa en esas palabras - desconocidas para tantos - que evocan sabor, frescura, otros tiempos. Gabriel Layera venía acercando a Santiago, por tiempo ya, las piezas que le entregaban los pescadores, nutriendo de mar a algunas de las referencias gastronómicas de la ciudad, como Naoki o Ambrosía . Desde hace apenas cinco días, ofrece directamente al público en La Calma la combinación del maravilloso producto que maneja con el aprendizaje a...

Macerado (Casablanca): fidelidad a los orígenes

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N o siempre es posible mantenerse fiel a los principios que llevan al éxito cuando este éxito te empuja al crecimiento. Y si esos orígenes están tan vinculados a una tierra, a su producto, al esmero en la selección de los proveedores que nutren tu despensa, la tarea incrementa su complejidad. Por eso es especialmente meritorio que en la casona que alberga Macerado se mantengan intactos los sabores de Casablanca. Visitaba Macerado por primera vez hace cuatro años . Escribía entonces que la suya era una cocina de terroir , de expresar lo local, lo mucho bueno que hay en las tierras y en la costa cercanas, empezando por los vegetales de su fértil chacra. Y, afortunadamente, esa cocina sigue ahí. Las espléndidas chalotas maceradas no acompañan el carpaccio de res con mostaza casera, lo protagonizan llenando poderosamente la boca: todo un símbolo de identidad. Y es que, desde entonces, Macerado se ha instalado en el precioso marco de la cercana Viña Vistamar y también en la algar...