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Mostrando entradas de julio, 2012

NaDo (A Coruña): somos o verán, irmao

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Se David Mella traballara en NaDo diría: “Somos o puto verán, irmão”. Verán xantamos hoxe. Bonito, tomate, boquerón, escarola, sardiña*, pementos de Padrón, mexillóns, lumbrigante... Mola a nova estrutura de menús de NaDo. Hoxe foron os grandes clásicos - caeu a vieira con holandesa, por suposto; e, por suposto, tamén o flan - e peixe á grella para rematar a función: un tremendo rodaballo que ben podería ter sido un ollomol. Bos viños na carta: escollemos o fantástico Acios da Xesteiriña e unha pineau d’aunis do Loira, Galicia en Francia. Dicía Iván Domínguez : “Como non me decatara antes.” Iso, como non se decatara antes... 😉 (*) Mira que son pouco de gilda, pero esta... Ver esta publicación en Instagram

Restaurante Hanzo (Santiago): un nikkei de nivel

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S egún leo, Emilio Peschiera fue uno de los primeros embajadores de la cocina peruana en Chile cuando hace más de veinte años abrió un clásico de Santiago en uno de sus clásicos barrios: El Otro Sitio de Bellavista. Más de dos décadas después, regenta varios locales en la ciudad, entre ellos dos de corte muy personal. Por un lado, el Restaurant Emilio, peruano contemporáneo que ya es uno de mis favoritos (habrá post más adelante). Y, de reciente apertura y pegado al anterior, el nikkei Hanzo, que hoy visité con la Sra. Foucellas y los pantagrueliños. Hanzo comparte interiorismo con su vecino Emilio: amplio, espacioso, luminoso y moderno. Al fondo, la barra de Sushi - al frente de la cual está Eduardo "Lalo" Fujihara - domina el escenario marrón, rojo y negro, en el que se cuida desde la vajilla hasta las servilletas. Comenzamos el almuerzo por el lado japonés de la oferta, unos notables cortes de sashimi: salmón, atún y una magníficamente tersa corvina. Para continua...

Restaurante Pailalén (Cajón del Maipo)

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A las mismas afueras de Santiago, el río Maipo serpentea entre las estribaciones de los Andes formando el conocido como Cajón del Maipo. A medida que te acercas a las moles de la Cordillera - ya los caminos de tierra - el paisaje se va tornando espectacular, y más en esta época de nieves. Poco antes de que el asfalto sea solo un recuerdo, elevado varias decenas de metros sobre la carretera (de hecho, no se puede llegar en coche al mismo: te trasladan en una furgoneta 4x4), aparece el restaurante Pailalén con su arquitectura de domo, compartiendo espacio con el Observatorio del mismo nombre. El entorno es absolutamente magnífico. En el exterior, las moles rocosas - blancas sus cimas - hacen insignificante cualquier obra humana. El interior - piedra, madera, chimenea, la cúpula en la que por la noche se proyecta el cielo estrellado - palidece ante las vistas que entran por los enormes ventanales. Uno no espera encontrar este tipo de cocina en una zona tan remota. Porque Pailal...