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Mostrando entradas de septiembre, 2014

NaDo (A Coruña): somos o verán, irmao

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Se David Mella traballara en NaDo diría: “Somos o puto verán, irmão”. Verán xantamos hoxe. Bonito, tomate, boquerón, escarola, sardiña*, pementos de Padrón, mexillóns, lumbrigante... Mola a nova estrutura de menús de NaDo. Hoxe foron os grandes clásicos - caeu a vieira con holandesa, por suposto; e, por suposto, tamén o flan - e peixe á grella para rematar a función: un tremendo rodaballo que ben podería ter sido un ollomol. Bos viños na carta: escollemos o fantástico Acios da Xesteiriña e unha pineau d’aunis do Loira, Galicia en Francia. Dicía Iván Domínguez : “Como non me decatara antes.” Iso, como non se decatara antes... 😉 (*) Mira que son pouco de gilda, pero esta... Ver esta publicación en Instagram

Garage Wine Co & 99 Restaurant: maridaje de espíritus libres

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M e puedo imaginar a Derek recorriendo las tierras del Maule a bordo de su furgoneta. Abordando a los productores de uva con esa divertida mezcla entre su fuerte acento gringo (es canadiense) y el perfecto manejo de los modismos chilenos. Devorando kilómetros en busca del carignan y de la garnacha del secano maulino, ese tesoro chileno al que solo ahora empieza a prestársele alguna atención. Explicándoles que quiere hacer el vino con sus propias manos. Pintar y lacrar las botellas una a una. El resultado de esa locura es un vino que cautiva desde que se prueba. Nunca olvidaré aquella botella de Carignan Lot #34 que probé en Bocanáriz . Automáticamente compré las pocas que quedaban en el local. Por eso, tardé dos minutos en confirmar mi reserva en cuanto recibí el correo anunciando la cena maridada con los vinos de Garage Wine Co en un lugar tan interesante como el 99 Restaurant . Allí estaban Derek y Pilar. Allí estaba el Old Vine Pale #38, ese rosado a base de carignan, mourvedre ...

Naoki (Vitacura): donde se juntan la técnica japonesa y el producto chileno

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L o conocí casi recién abierto. Era una noche en la que cenaba solo, tras un día durísimo en el trabajo. Pese a que no llevaba el mejor ánimo, me encantó. Ese mismo fin de semana repetía con la familia ( este post es de aquellos días) y tuve mi primera charla con Marcos. Desde entonces, es nuestro restaurante de cabecera. No hay mes en que no nos dejemos caer un par de veces por Naoki, generalmente los sábados, y si puedo le añado alguna cena de trabajo. No hay mejor cosa que un restaurante suficientemente pequeño - algo, por desgracia, muy poco común en Santiago - como para que te conozcan. Para que conozcan tus gustos, en realidad. Y más si se trata de un restaurante japonés, en el que la variedad de técnicas es virtualmente infinita. Así, cada visita a Naoki es un equilibrio entre los clásicos que pedimos siempre y lo que va enviando Marcos desde la barra en función del material que tenga ese día, descubriéndonos sabores y preparaciones. La última, la de ayer, la dejamos complet...