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Mostrando entradas de marzo, 2008

NaDo (A Coruña): somos o verán, irmao

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Se David Mella traballara en NaDo diría: “Somos o puto verán, irmão”. Verán xantamos hoxe. Bonito, tomate, boquerón, escarola, sardiña*, pementos de Padrón, mexillóns, lumbrigante... Mola a nova estrutura de menús de NaDo. Hoxe foron os grandes clásicos - caeu a vieira con holandesa, por suposto; e, por suposto, tamén o flan - e peixe á grella para rematar a función: un tremendo rodaballo que ben podería ter sido un ollomol. Bos viños na carta: escollemos o fantástico Acios da Xesteiriña e unha pineau d’aunis do Loira, Galicia en Francia. Dicía Iván Domínguez : “Como non me decatara antes.” Iso, como non se decatara antes... 😉 (*) Mira que son pouco de gilda, pero esta... Ver esta publicación en Instagram

Sabor Extremeño en Sada (A Coruña)

A sí se llama el restaurante, mesón y tienda de productos típicos extremeños que desde hace unos años funciona en el centro de Sada [Barrié de la Maza, 9 / 981.622832 / ubicación en Tagzania ] . Como su nombre indica, el local funciona casi - o sin casi - exclusivamente a base de productos extremeños, con un resultado bastante notable. El Sabor Extremeño ocupa el bajo y la primera planta de uno de esos edificios típicos de Sada: de fachada estrecha pero muy profundo, terminando en un patio interior de dimensiones apreciables. A la entrada, a mano derecha, junto a la gran ventana que da a la calle, una pequeña barra y cuatro mesas conforman la tienda/mesón, en la que es posible tomar un pincho y un vino o llenar el zurrón de interesantes opciones para cocinar en casa. Al fondo del estrecho pasillo encontramos los comedores: uno, el más modesto, en la planta baja; el segundo, tras subir las escaleras; y el tercero, el estrella, en el patio interior - cubierto en invierno, al aire libre e...

Una postal

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D esde que leo los libros de fotografía de Bryan Peterson , cada vez que salgo de viaje vuelvo loca a mi mujer con la necesidad de estar ante determinado sitio exactamente al amanecer o al atardecer, cuando la luz es la mejor y la foto puede quedar más chula. En este viaje a Toscana, gracias al horario italiano - igual que el español - anochecía antes de las seis, así que era más o menos fácil programarse. Uno de los días nos encontramos el atardecer en Castiglione del Lago , pequeño pueblo - ya de la vecina Umbría - que ocupa una diminuta península colgada sobre el Lago Trasimeno. Con el sol ya escondiéndose, Castiglione nos recibió con esta postal.

Una propuesta gastronómica irresistible

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U na de las cosas que más me ha llamado la atención del viaje a Toscana es la variedad de la oferta gastronómica. Están, por supuesto, las pastas, las pizzas y los gelatti. Y las especialidades toscanas: la ribollita, la trippa alla fiorentina; para carnívoros como yo, la bistecca alla fiorentina. En época de trufas, como tuve la suerte de vivir, éstas adornan todo tipo de platos. Y luego, hay propuestas irresistibles como ésta... [Observad la estupenda oferta del cartel del fondo: ¡el pack de dos salamis con un cojone por sólo 11 €!]

El Mundo Clásico

V ale, éste es un blog que trata sobre viajes y sobre gastronomía. Pero no puedo resistirme a hablaros de este libro que, en última instancia, no deja de ser un maravilloso viaje en el tiempo. Robin Lane Fox es un historiador británico ya sesentón, especializado en historia y literaturas griega y romana, las cuales imparte en Oxford. Lane Fox aborda la construcción de El Mundo Clásico como la escritura de una novela cuyo lector será el gran Adriano , quien marca el límite temporal que abarca las 800 páginas de libro. La obra arranca en la Grecia arcaica, en la época - siglo VIII a.C. - en la que Homero crea sus epopeyas. De la mano de aristócratas, dioses inmortales y ejércitos espartanos, el libro nos lleva hasta la Grecia clásica: las guerras médicas contra los persas; el camino a la democracia en el imperio ateniense; las grandes figuras políticas como Pericles, Clístenes, Temístocles; la guerra del Peloponeso y el triunfo de la Esparta oligárquica; la ascención y triunfo de Macedon...

La fábrica de ilusiones de madera

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N os la encontramos en Florencia, a unos pasos de la plaza de la Signoria [ ubicación ] . Nos cautivó su escaparate, su colorido, su vida de madera. Antes de partir para Siena entramos a cargar regalos para los pantagrueliños en Bartolucci. No voy a decir nada más, os dejo las fotos: no será como estar allí, como oir los cientos de tintineantes musiquitas que resonaban al tiempo, pero si pincháis para ver las imágenes en grande, os podréis aproximar un poco. [Debo decir que me llevé una pequeña decepción al ver en la bolsa de los regalos que había al menos una docena de tiendas Bartolucci en toda Italia. Y ahora, al escribir este post, veo que hasta tienen web , tienda online y establecimiento en Madrid. Pero la media hora de disfrute, de volver a tener seis años, no me la quita nadie]

La imponente sombra de las torres de San Gimignano

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C urva tras curva, la carretera asciende desde Colle di Val d'Elsa hasta la etrusca Volterra. Tras un par de requiebros especialmente cerrados, ya bastante en lo alto, la vegetación da una tregua. A la derecha, muy lejos, se adivinan las torres de San Gimignano. Ante el perfil de la ciudad, necesariamente uno se traslada mil años atrás: San Gimignano era parada obligada en la Vía Francigena , camino de peregrinación desde Canterbury a Roma. Me imagino la impresión de los peregrinos ante la primera imagen de la ciudad: en el duecento llegaron a contarse 72 torres - hoy permanecen catorce -, símbolo del esplendor económico de San Gimignano, de la riqueza de sus gremios, de la ostentación de sus nobles. La Piazza del Duomo alberga los edificios institucionales - el propio duomo, también el palazzo comunale -, pero el verdadero centro vital de San Gimignano es la triangular Piazza della Cisterna, así llamada por el pozo que hay en su centro. Un café en alguna de sus terrazas es obliga...

V Xantanza de Blogastrónomos: una xantanza de autor en tierra de lampreas

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S i hasta la fecha las xantanzas habían supuesto visitas a la vanguardia gastronómica gallega, esta quinta - celebrada ya hace unas semanas - fue un viaje a lo más tradicional. No sólo en lo culinario - esa lamprea del Ulla en su temporada - sino incluso también en tanto celebración: claramente, esta vez la componente festeira - cantatas post-comida y gin-tonic vespertino incluidos - se impuso a la gastronómica. Y, además, por primera vez una xantanza se celebra en los dominios de uno (en este caso dos) de los blogastrónomos: César y Chus ejercieron de perfectos anfitriones y lo organizaron todo para que en Catoira nos sintiéramos como en nuestra casa. La velada comenzó en la Taberna Vikinga. Mientras esperábamos a que llegara todo el mundo, acompañamos el vino con las tapas de la casa: champiñones, carne asada y raxo. Y como jugábamos en casa , pudimos darnos una vuelta por la cocina para contemplar una maravilla de la naturaleza: el rape de la foto, ¡de 27 kilos de peso! Que yo...

Monteriggioni: el pueblo toscano de Asterix y Obelix

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E s que es más o menos lo que uno se imagina cuando por primera vez ve, a lo lejos, las murallas de Monteriggioni. Las batallas medievales entre Florencia y Siena; las tropas florentinas afrontando su último obstáculo, apenas a unos kilómetros de la ciudad sienesa: el minúsculo pueblo amurallado, con valientes guerreros alrededor de una marmita humeante. De hecho, nunca en trescientos años los florentinos fueron capaces de batir Monteriggioni, hasta que a mediados del siglo XVI oscuras maniobras pusieron la plaza en manos de los Medici. Monteriggioni parece un pueblo de juguete: casi circular - no mucho más de 100 metros de diámetro -, rodeado íntegramente por su muralla con una docena larga de torres, dos puertas en extremos opuestos y apenas un puñado de casas en su interior. Permanece, además, casi intacto desde que se erigió en el siglo XIII. En una fría mañana de febrero, todavía temprano, nuestros pasos y algún pájaro lejano es lo único que se oye: un placer. Viajar fuera de temp...

Castello delle Quattro Torra (Siena)

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C uando Manolo supo que íbamos a pasar una semana en Toscana, no tardó en recomendárnoslo. Y, después de echarle un vistazo a su web , no tardé en pensar: "¿cuántas veces en mi vida podré dormir en un castillo del siglo XIV en la campiña toscana?". Así que reservé para pasar nuestras cuatro noches en Siena en el Castello delle Quattro Torra [ ubicación ] . Llegamos al castillo - apenas a 3 Km de Siena - antes de lo previsto, a eso de la una de la tarde. La vista desde la carretera - la podéis ver a la izquierda, en una foto que le tomo prestada a Nicola de su web - es estupenda, y la sensación de "¡qué acierto!" se acentúa cuando entras con el coche por el camino de tierra que se acerca al edificio entre olivos y cipreses. La entrada fue como de película. El golpeo de la aldaba de forja sobre la enorme puerta de madera; el agudo chirrido de los goznes al empujar; el gato negro que emerge de la oscuridad; el patio interior abierto al cielo y la empinada escalera ha...

A falta de mil palabras, alguna imagen toscana (i)

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S é que soy un llorón y un pesado con este tema, pero me temo que la combinación ritmo de trabajo + cuidado de los pantagrueliños no me va a permitir explayarme a gusto sobre la maravillosa escapada toscana hasta los días de asueto de Semana Santa. Entre tanto, me daré al facilón recursos de las imágenes, para ir haciéndoos partícipes, de algún modo, de lo que vivimos en esos días. Por ejemplo, de los paseos en coche por las Crete Senesi (literalmente, "arcillas sienesas"), la zona rural lindante con Siena que representa como ninguna el paisaje toscano tal como nos lo imaginamos: los caminos serpenteantes, las onduladas colinas, las elegantes villas, los cipreses formando en hilera, los olivos. Conducir por las Crete Senesi me hacía sentir como si formara parte de un lienzo impresionista, de La Cosecha de Van Gogh o, mejor, de las Amapolas en Argenteuil de Monet. Aunque no tenga mucho que ver, pero me hacía sentirme así. Para muestra, un botón.

Verdadero sabor italiano en la Trattoria Mario (Florencia)

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M ientras dibujaba un puntito azul en el plano de la ciudad, nada lejos de la Piazza del Duomo, Fabrizio - el atentísimo alma mater del Hotel Davanzati, del que ya os contaré - nos recomendaba no llegar más tarde de la una menos cuarto a la Trattoria Mario , si no queríamos unirnos a los que, diariamente, hacían cola para conseguir una mesa. Así que le hicimos caso, y tras nuestra primera stendhaliana mañana en Florencia, poco después de las doce y media llegábamos a la pequeña puerta del número dos de la vía Rossina, junto a la plaza del Mercado Central [he creado un mapa en Google Maps para dejar señalado lo que vaya contando del viaje a Toscana, empezando por la ubicación de la Trattoria ] . Los cientos de recortes de prensa amontonados en la puerta y en la ventana atestiguaban que ése era el sitio; el vocinglero abarrote que te golpeaba nada más entrar despejaba cualquier duda que pudiera quedar. Todo vale para matar el tiempo mientras se espera una mesa Pese a lo temprano de la ho...