A caldeirada de raia de Taberna Beade (Paderne)

Imaxe
Pasado o cruce da N VI (négome a chamala N 6) en Coirós, corredoiras arriba en dirección a Paderne, xa ía matinando na carne asada de Taberna Beade e nalgún dos viños vellos de Ribeiras de Armea , a lingua feita auga. Poucos minutos despois, Josiño sacaba* unha agudelo de 2018, crianza biolóxica, pequena xoia, unha mostra máis do potencial de Betanzos e do crack que é este home. E na pota de porcelana, tralos boqueróns e as luras de potera ben fritidas, o xarrete que se desfai na boca, os pementos. Moito se fala das cores do chuletón, moi pouco das da pataca confitada: pequena, redonda, feita ben amodo, amareliña do azafrán por fóra, branquiña por dentro, melosa, sabedeira. Porén, o cadro foise ao carallo. Foi a raia, a caldeirada de raia. Non sei como fixo Ivett, pero estaba de impresión: carne tersa, branca, aveludada; peixe e preparación humildes roubando todo o protagonismo da boa feitura que tiñan. Tremendo. Pouco valoramos termos lugares así. Casa de comidas que mantén...

Bar Cañete (Barcelona)

Comienzo el repaso de la aventura gastronómica del pasado fin de semana en Barcelona. Tengo en el cerebro una inmensa mezcla de olores, sabores y colores, pero confío en poder recuperar las sensaciones, con ayuda de las fotos, para expresarlas aquí.

Un par de horas después de aterrizar, nos adentrábamos en el Raval para darle al tapeo en el Bar Cañete. Lleva apenas un par de meses abierto, pero ya se está convirtiendo en una referencia. Yo lo conocí a través de Philippe Regol, cuyo post sobre el local os recomiendo leer, desde luego mucho más que éste mío. El Cañete conserva el espíritu del bar de barrio de toda la vida, pero lo revisa en cada una de sus dimensiones: en la decoración, en la cocina vista tras la barra, en la presentación de las tapas, en la oferta de vinos, en los dos ambientes diferenciados para el dulce y el salado.

Asesorados por el personal de barra, abrimos la degustación con unas berenjenas a la miel, muy bien fritas, crujientes y no grasientas, fantástico entrante. Luego, las albondiguillas con sepia y camagroc, qué guiso, qué salsa. Continuamos con las mollejas de ternera, extraordinariamente suaves mientras se deshacen en la boca.

El huevo poché con trompetillas de la muerte, la tapa que menos me gustó, sirvió de puente para la llegada del jarrete, meloso, tiernísimo, gran culminación de la parte salada. Parte salada que acompañamos con Les Tres Creus, un Priorato de garnacha, cariñena y syrah muy redondo (veo en la red buscando su referencia que tiene un precio razonable, en torno a diez euros).

Abandonamos la barra para pasarnos a la zona de dulces, ya con poco espacio en el estómago. Damos cuenta de un baba al ron y, sobre todo, de una poderosa tarta Sacher, todo chocolate.

En fin, que vivan este tipo de locales que reinterpretan la tradición manteniendo su esencia: cocina de toda la vida en un bar de toda la vida, con la adecuada dosis de modernidad para atraer al público ávido de nuevos enfoques.

El precio de las tapas oscila entre los 3,5 y los 6,5 euros: las cinco nuestras, un total de 26 euros. Con las cuatro copas de vino y los dos postres, pagamos 23 euros por cabeza.

[Bar Cañete / Carrer de la Unió, 17 - Barcelona / Ubicación]

Comentarios

  1. Veremos alguna vez algo así por Coruña...???
    Jose Rascado

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  2. Ojalá, pero no lo tengo muy claro :-(

    Y no será por falta de cocineros o materia prima, desde luego.

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