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Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Como siempre, en este país ganan los que hacen trampas

T iene toda la puñetera razón Colineta en su post de hoy a propósito de la subida del IVA en los restaurantes. Reproduzco un fragmento, pero recomiendo la lectura completa: Por normativa los restaurantes están obligados a expresar los precios finales, iva incluido, en sus cartas [...] Es decir, los consumidores tenemos derecho a leer en la carta el precio final que vamos a pagar por cada plato (impuestos incluidos). El incumplimiento de ese deber por algunos restaurantes seguramente va a ocasionar que el menú que ayer costaba 100 euros hoy cueste los mismos 100 en algunos restaurantes y 101 en otros [...] Los que cumplen la ley y no cambien las cartas van a ganar hoy un euro menos por cada 100 facturados, mientras que los incumplidores seguirán ganando lo mismo mientras los clientes pagarán un euro más.

Restaurante Augamar (A Coruña)

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E n una ciudad como A Coruña, el océano omnipresente, hay una incomprensible escasez de restaurantes en los que puedas comer al tiempo que disfrutas - viendo, oliendo - del mar. Mirador de San Pedro , Domus, Playa Club y poco más. Hace apenas un par de meses, el restaurante Augamar, de la mano de los gestores del Alborada , ha venido a sumarse a este escuálido panorama. El Augamar se ubica en el segmento de oferta "marco incomparable". Un primer piso literalmente sobre el mar, cristaleras desde el suelo al alto techo, los yates meciéndose en los pantalanes, el dique de abrigo, la ría. Para las comidas o, especialmente, para las cenas de las largas noches de verano, el lugar es francamente espectacular (tomo la foto del post que Melvin le dedicó al restaurante). Entiendo que la dirección del Augamar quiere abrir el local al público más amplio posible. Me imagino, como targets , comidas de negocios o reuniones familiares en las que parte de los comensales no son de la ciuda...

Restaurante 100 Maneiras (Lisboa)

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N uestro segundo encuentro con la alta gastronomía lisboeta - el primero cronológicamente, en realidad - fue el restaurante 100 Maneiras, una propuesta mucho más informal y desenfadada que la de Tavares , empezando por su ubicación en pleno Bairro Alto, apenas a unos metros del miradouro de Sao Pedro de Alcántara. Y siguiendo por el primer plato del menú degustación - no hay carta en el 100 Maneiras - que llega a la mesa: el estendal de bairro , un juego con las omnipresentes cordadas de ropa a secar que llenan de color las ventanas de los barrios populares de la ciudad. En este caso, la ropa es representada por chips de bacalao. Desde luego, no cabe duda de que el chef serbio Ljubomir Stanisic se ha integrado bien en la cultura portuguesa. Continúan los aperitivos del nuevo menú de verano que estrenábamos aquella noche con un falso huevo - cremoso de patata y yema en el interior de una cáscara perfectamente preparada para beber su contenido - y un ravioli de melón con jamón, ambos...

Eirado da Leña (Pontevedra): ese rodaballo que difícilmente olvidaré

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D e regreso de nuestra fugaz escapada a Lisboa de hace un par de semanas, paramos a comer en el Eirado da Leña, que aún no conocíamos. Siempre es un placer disfrutar de un paseo por el casco viejo pontevedrés, en cuyo centro neurálgico, la Praza da Leña, se ubica el pequeño y acogedor restaurante. Paredes de piedra, suelo de madera clara, techos altos, poco más de media docena de mesas y un trato muy agradable; un sitio para sentirse a gusto el par de horas necesario para tomarse el menú degustación. Como aperitivos, para ir abriendo boca, unas pipas de girasol y calabaza y una degustación de dos aceites de arbequina. Excelente el Hacienda Ortigosa , sorprendentemente (al menos para mí) cultivado en Navarra. Un pan cortado más fino habría permitido saborear más los aceites. Entramos ya en materia con unas anchoas del Cantábrico feitas na casa con queso de tetilla, que poco o nada tienen que envidiar a las que preparan por aquellas tierras. Después, un foie - también feito na...

Getaria - A Coruña á grella

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E ste mediodía tuve la oportunidad, por invitación del Consorcio de Turismo da Coruña, de asistir a un curioso pero interesantísimo evento gastronómico que tuvo lugar en el Aquarium Finisterrae de la ciudad herculina. Se trataba de "Getaria - A Coruña á grella", enmarcado en una jornada gastronómico-cultural entre ambas localidades, que tendría su continuidad por la tarde con conferencias y una parrillada popular en la zona de vinos de la calle Troncoso. El evento en cuestión giró alrededor de tres elementos: una magnífica parrilla, cuya brasa comenzó a prepararse más de dos horas y media antes de que se cocinaran los alimentos; unos excepcionales y experimentados parrilleros, curtidos en los restaurantes de la villa guipuzcoana; y una materia prima de excelentísima calidad traída para la ocasión por la expedición vasca. (Afortunadamente, pude sacar unas fotos con el teléfono) La primera parte de la comida transcurrió en el exterior del acuario, en una pequeña tregua que ...

Los miradouros de la ruta del 28

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U na buena visita a Lisboa debe tener, en mi opinión, tres componentes principales. Mucho caminar por los barrios del centro, los turísticos y los que no lo son tanto, empapándote del ambiente lisboeta. Una buena selección de comidas y cenas, si es posible combinando locales tradicionales - incluso aquellos del Bairro Alto o de Alfama en los que los visitantes apenas se revuelven en mesas apiñadas, mientras camareros de dudosa capacidad artística cantan fados al tiempo que sirven; tienen también su encanto, qué duda cabe - con otros más vanguardistas, que también los hay. Y, en tercer lugar, sobrevolar los tejados rojos del centro de la ciudad desde los miradouros que la caprichosa orografía lisboeta regala a propios y extraños. No es mala estrategia para visitar los miradouros utilizar el Elétrico 28 como guía*. Partiendo de su origen en la plaza de Martim Moniz, las primeras paradas del barrio de GraÇa nos sirven para llegar a Nossa Senhora do Monte , uno de los miradores menos con...

El menú Desassossego del Restaurante Tavares (Lisboa)

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H abía leído que es el mejor restaurante de Portugal y su chef, José Avillez, el más destacado de los cocineros del país vecino. No había duda y reservé mesa en Tavares, un clásico con más de doscientos años de historia y situado en pleno centro de Lisboa, a unos metros de la Rúa Garret y la mítica A Brasileira, subiendo ya hacia el Bairro Alto. La barroca decoración de la sala impresiona de entrada: la muy tenue iluminación, las esplendorosas arañas, los grandes espejos, los dorados de las paredes. Llama la atención también el silencio, las conversaciones en susurros de las mesas que ya han empezado a cenar. Sólo otro despistado y yo nos sentamos sin una chaqueta puesta. En este contexto, decidimos que el entorno no era el más apropiado para tirar de cámara y marcarnos la habitual sesión fotográfica de los platos, algo de lo que me comencé a arrepentir inmediatamente después. Porque la cocina de Avillez se resume con una sola palabra: técnica. Técnica en la elaboración y en unas p...

Dos días (y tres noches) en Lisboa

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R ecién llegadito estoy de un fin de semana largo en Lisboa. Desde el viernes bien entrada la tarde hasta el domingo por la noche, con un envidiable sol y veintitantos graditos de la mañana al atardecer. Fue un fin de semana bien aprovechado, intenso pero no estresante. Nos pegamos nuestras buenas pateadas por los bairros lisboetas, con la ayuda del tranvía 28: la Baixa, el Chiado, GraÇa, Alcántara, el Bairro Alto y, por supuesto, Alfama. Alfama es otro mundo, el espíritu de la ciudad en estado puro. Alfama es a Lisboa lo mismo que Santa Cruz a Sevilla o que el Albaicín a Granada. También sobrevolamos los rojos tejados lisboetas desde los numerosos miradouros que coronan las colinas de la ciudad. Desde el Castelo de Sao Jorge, desde GraÇa, desde Nossa Senhora do Monte, desde Sao Pedro de Alcántara, desde Santa Catarina, desde Santa Luzía, desde lo alto del parque de Eduardo VII. Placer para la vista. Hubo tiempo para el estómago, por supuesto. Una grandísima experiencia gast...