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Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Termina 2012...

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T ermina un año en el que cambié las rías atlánticas por la costa del Pacífico, los Ancares y el Courel por los Andes, el hemisferio norte por el sur, Galicia por Chile. A 31 de diciembre, echando la vista atrás, resulta que han ocurrido muchas cosas... El recuerdo más intenso está todavía muy reciente: la majestuosa exhibición que la naturaleza lleva a cabo en el Parque Nacional de las Torres del Paine , muy al sur, en la Patagonia. Nunca olvidaré esos paisajes. El otro gran viaje del año fue en marzo, una nueva visita a Nueva York . Como casi se solapó con mi traslado a Chile, apenas escribí sobre él. De hecho, aún tengo posts en el tintero. Y eso que vivimos experiencias gastronómicas interesantísimas, en la barra de Momofuku Ko y en el WD-50 , la casa del gran Wyllie Dufresne. Venir a Chile, cómo no, fue toda una invitación a conocer un nuevo mundo en lo enológico. Detrás de esas grandes bodegas que exportan el 90% de su producción, existen movimientos muy interesantes como ...

Colchagua on the road

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A vanzamos a buena velocidad rumbo a Marchihue por las largas rectas que atraviesan el valle desde la cordillera hasta el Pacífico. Aprieta el calor, más de treinta grados, y el sol navideño brilla sin que lo moleste una sola nube. La música suena alta. Hace tiempo que quedó atrás el tramo en que la vía del Tren del Vino circula paralela a la carretera, languideciendo abandonada desde que el terremoto de hace un par de años la dejara fuera de combate. La hierba oculta ya buena parte del recorrido, los puentes de hierro suplican no terminar también devorados por la vegetación. En ese momento me viene a la cabeza el recorrido que tuve oportunidad de hacer por el Ribeiro el año pasado, también en pleno verano y con mucho calor. El título para el post surge inmediatamente: Colchagua on the road. Dos días en Colchagua dan para mucho. Por ejemplo, para pasear por Apalta, el terroir de más renombre del valle. Allí, Aurelio Montes fue de los primeros en dejar el llano y plantar en las lad...

La prodigiosa naturaleza de las Torres del Paine

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E ra un viaje soñado hace diez años. Un viaje que se ha hecho de rogar durante una década. Un viaje que, pese a las expectativas acumuladas durante tanto tiempo, no me ha decepcionado. Al contrario, me ha maravillado: el sobrecogedor paisaje de las Torres del Paine, en plena Patagonia chilena, ha quedado fijado para siempre en mi retina. La naturaleza en la Patagonia, en las Torres del Paine, es verdaderamente prodigiosa. Empezando por el clima. En una misma jornada tuvimos vientos de casi cien kilómetros por hora, intensas nevadas, lluvia, sol radiante, nubes bajas que apenas nos permitían discernir el paisaje. Es como si el clima y el paisaje, juntos, quisieran humillarnos, recordarnos a los humanos lo insignificantes que somos. Porque uno se siente insignificante ante tanta majestuosidad. De un lado, el páramo ándino que se extiende hasta donde llega la vista. Del otro, las inmensas moles de los Cuernos del Paine, con esos juegos de colores ocre y negro que secuestran tu mirada ...

Infante 51 (Providencia): pescados... y también carnes

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L a referencia que tenía de Infante 51 lo ubicaba como uno de los restaurantes a tener en cuenta en Santiago en lo que a producto y preparación del pescado se refiere. Sin embargo, lo que me animó a conocerlo fue una foto que vi publicada en twitter en las antípodas de lo anterior: unas carrilleras de cerdo con garbanzos. Tan pronto como tuve oportunidad, allá que me fui. La blanca casona que acoge el restaurante - una suerte de oasis a metros de la bulliciosa Avenida Providencia - permite disponer varios ambientes distintos - los salones principales, la terraza y varios reservados -, todos alrededor de esa gran barra en forma de barco que conforma el espacio central. La decoración sencilla y los tonos claros otorgan al lugar un aire de tranquilidad. La carta, efectivamente, otorga protagonismo a los productos del mar, haciendo énfasis en el origen de los mismos: Pascua, Juan Fernández y Magallanes son los nombres propios presentes. Pero no es menor el apartado de carnes, con c...

Mar y pescado en la Caleta Quintay

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E ntre Algarrobo y Valparaíso, a ciento y algo kilómetros de Santiago, la caleta Quintay es un lugar de postal. Cuando uno desciende las reviradas y pronunciadas curvas del último tramo de carretera, ya adivina que se va a encontrar algo muy atractivo. Una cala recóndita de mar cristalino, un cuadro en el que los colores son las barcas posadas en la arena. Un lugar para llegar sin prisas, para pasear desde el antiguo puerto ballenero hasta lo alto del pueblo, un espacio pintoresco que no deja indiferente... ...y un lugar para comer. Para atiborrarse de los productos de ese mismo mar en la terraza del restaurante Miramar, en donde los preparan sin mayores complicaciones pero con toda la fuerza del buen producto fresco. En pocillos de greda (barro) llegan las machas a la parmesana y el pastel de jaiba. Ambas raciones bien amplias, con mucha presencia de los respectivos bichos, en preparaciones bien contundentes y sabrosas. Luego yo pedí congrio frito, que vino apanado y casi saliéndo...