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Árbore da Veira (A Coruña): da cereixa á mazá

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Durante moito tempo, a Árbore da Veira deixaba caer cereixas ao comezo da velada, cereixas vermellas e mentireiras: quen as mordía atopaba foie onde habían de estar a carne e o óso. Antonte non houbo cereixa. A árbore deu outra froita, e deuna ao final, cando xa ninguén a agardaba: unha mazá que tampouco era mazá, co queixo azul agochado no corazón. As árbores cambian co tempo: esta tamén. Deume por pensar que, dalgún xeito, esa troca de froitas tamén conta algo da cociña de Luis Veira , unha cociña que agora pisa máis lene e que antonte deixou na mesa pratos notábeis como o falso nigiri de anguía, steak tartar e trufa, o ceviche de peixe limón ou a stracciatella con champiñóns. Porén, o meu sitio segue a estar nos fondos e nos guisos, que agora pegan un pouco menos os beizos: a kokotxa e o seu pilpil, a pescada, a cigala con boletus e, sobre todo, as moegas de año e a raia con repolo. Para beber, o Bastardo 2016 do Mestre Mateo. Viñazo. A árbore cambia de froito, pero as raíces ...

Garage Wine Co & 99 Restaurant: maridaje de espíritus libres

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M e puedo imaginar a Derek recorriendo las tierras del Maule a bordo de su furgoneta. Abordando a los productores de uva con esa divertida mezcla entre su fuerte acento gringo (es canadiense) y el perfecto manejo de los modismos chilenos. Devorando kilómetros en busca del carignan y de la garnacha del secano maulino, ese tesoro chileno al que solo ahora empieza a prestársele alguna atención. Explicándoles que quiere hacer el vino con sus propias manos. Pintar y lacrar las botellas una a una. El resultado de esa locura es un vino que cautiva desde que se prueba. Nunca olvidaré aquella botella de Carignan Lot #34 que probé en Bocanáriz . Automáticamente compré las pocas que quedaban en el local. Por eso, tardé dos minutos en confirmar mi reserva en cuanto recibí el correo anunciando la cena maridada con los vinos de Garage Wine Co en un lugar tan interesante como el 99 Restaurant . Allí estaban Derek y Pilar. Allí estaba el Old Vine Pale #38, ese rosado a base de carignan, mourvedre ...

Naoki (Vitacura): donde se juntan la técnica japonesa y el producto chileno

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L o conocí casi recién abierto. Era una noche en la que cenaba solo, tras un día durísimo en el trabajo. Pese a que no llevaba el mejor ánimo, me encantó. Ese mismo fin de semana repetía con la familia ( este post es de aquellos días) y tuve mi primera charla con Marcos. Desde entonces, es nuestro restaurante de cabecera. No hay mes en que no nos dejemos caer un par de veces por Naoki, generalmente los sábados, y si puedo le añado alguna cena de trabajo. No hay mejor cosa que un restaurante suficientemente pequeño - algo, por desgracia, muy poco común en Santiago - como para que te conozcan. Para que conozcan tus gustos, en realidad. Y más si se trata de un restaurante japonés, en el que la variedad de técnicas es virtualmente infinita. Así, cada visita a Naoki es un equilibrio entre los clásicos que pedimos siempre y lo que va enviando Marcos desde la barra en función del material que tenga ese día, descubriéndonos sabores y preparaciones. La última, la de ayer, la dejamos complet...

Galicia y Japón se dan la mano en Osushi (Vigo)

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E stoy viajando a Galicia una vez al año (más algúna escapada relámpago por motivos laborales). Lo hago a primeros de julio, coincidiendo con las vacaciones escolares de invierno en Chile, lindo veranito en el hemisferio norte. En esos diez días siento la imperiosa necesidad de recargar sabores de la tierra; por eso, mi agenda gastronómica suele venir cargadita. Este año, por ejemplo, todos los estrellados coruñeses y el estupendo Culler de Pau , entre otros. Gracias a uno de mis restaurantes de cabecera en Santiago, el Naoki del gran Marcos Baeza, cada vez siento más debilidad por la cocina japonesa. Y si a eso le añadimos que la mejor materia prima del mar es la gallega - supongo que nadie discutirá esto -, entonces no me quedaba otra que pedirle a Andrés Médici que nos preparara, literalmente, "un auténtico homenaje". Y el tío se lo tomó muy, pero que muy en serio. Llegamos a Osushi muy temprano, los primeros. Esperando por nosotros, el menú que podéis ver en la fot...

La Finestra (Ñuñoa): el italiano de barrio

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M e gusta Ñuñoa. Se respira aroma a barrio. Hay vida en las calles, hay bares y restaurantes, hay comercios. Muchos de ellos con su propio aroma a barrio. Un contraste inspirador para los que vivimos en la anónima frialdad de las comunas del nororiente, espacios de auto y mall. A unos pasos de la bulliciosa Plaza Ñuñoa, en Irarrázaval, se sitúa la vieja casa de planta baja que alberga La Finestra. Desde la calle no se adivina la profundidad de la casona: un estrecho pasillo deja a su derecha pequeñas salas y la cocina, hasta desembocar en el gran patio abierto, espacio principal del restaurante. Mesas bien pegadas, algarabía, música, ambiente informal: ambiente de barrio. La propuesta gastronómica responde a los básicos italianos. Así, abrimos los entrantes con una fresca caprese y los completamos con unas ricas olivas all'ascolana, rellenas de carne, apanadas y fritas. Antes, durante la espera, había llegado un muy buen Aperol Spritz, aperitivo casi obligatorio en un lugar c...

D.O. Restorán (Lo Barnechea): denominación de origen chilena

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V aya por delante que me encanta que haya proyectos como D.O. Restorán. Ojalá surgieran muchos más. Proyectos que apuestan por el producto y la tradición gastronómica chilena. Que no tienen ningún reparo en finalizar un menú degustación con unas pantrucas. Que van a buscar su materia prima allá donde están los que la cultivan, la pescan o la pastorean. A Chiloé o a Magallanes, a Valdivia o a Osorno, a Ovalle o a Marchiue, a Juan Fernández o a Tongoy. D.O. se ubica en una casa de Lo Barnechea, en una calle que todavía tiene aires del pueblo que un día debió ser, ajena al gran mall cercano. El espacio principal, con la cocina en la que se desenvuelve Juan Morales a la vista, es blanco, minimalista. Al fondo, un reservado con una gran mesa que promete futuras veladas en grupo. A la izquierda, pequeños rincones más cálidos, con algo del color de la madera o la piedra. Además de una carta con ocho entrantes y cuatro o cinco opciones de carnes y pescados, D.O. ofrece un menú degustación ...

La elegante propuesta de Catae (Vitacura)

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D e entrada, desconfío de los restaurantes de hotel. Por eso, pese a las buenas críticas que había ido leyendo desde su reciente apertura, me resistía a ir a Catae, el restaurante del Hotel Renaissance Santiago. Hasta una noche de hace un par de viernes. Debo reconocer que, en este caso, me equivocaba. Uno de los motivos que me aleja de este tipo de locales es su ambientación, normalmente fría y poco atractiva, casi diseñada para que el alojado coma o cena lo más rápido posible antes de irse a su habitación. El caso de Catae es completamente opuesto, hasta el extremo de que su decoración es uno de sus puntos fuertes: desde esa terraza que promete muchísimo para el verano hasta la cocina a la vista; desde la calidez de las maderas hasta la amplitud del espacio, con gran distancia entre mesas; desde la cava de cristal de techo a suelo hasta la mesa del chef. Al frente de la cocina está el argentino Mariano Cid, biestrellado durante su paso por España. Cocina elegante, sin complicac...