II Premios da Cociña Galega: unha lareira e unha cociña de ferro

Imaxe
Unha lareira e unha cociña de ferro. Invocou a imaxe Begoña Vázquez , de Regueiro da Cova , e ficou cravada nos meus miolos onte á noite nos II Premios da Cociña Galega. Non un prato, non un nome, non un aplauso. Unha cociña de aldea co lume aceso, a pota fervendo amodiño, alguén ao carón, sen présa. Falouse de moito e falouse ben. Ser cociñeiro en Galicia é unha sorte, dixo cada quen ao seu xeito. Antón gabou o praceiro, a lonxa, o mariñeiro, como outros fixeron con labregos e gandeiros. Anxo case berrou “eu quero vivir no rural”, igual que Xurxo . Houbo vivas para o capón de Vilalba, para o cocido de Lalín, para a empanada, para o polbo á feira, para a lamprea. Houbo lembranzas e dedicatorias a pais, nais, avós e avoas, mesmo bisavós e bisavoas. Territorio. Identidade. A lingua e a cociña, as dúas cousas que mellor nos explican e as dúas que máis doado é deixar ir. No persoal, moi ledo por poder ter sido parte destes premios. E, especialmente, por ver recoñecidos tantos d...

Las hamburguesas del Hut (A Coruña)

Si nos referimos al diccionario de la RAE, gastronomía (del griego γαστρονομία) es la afición a comer regaladamente. Dicho lo cual, ¿comer una hamburguesa por la calle es gastronomía? ¿llenarte los morros de grasilla que no son capaces de quitar las servilletas de papel? ¿ver cómo se estira el queso, semifundido, sorprendentemente elástico en cada trozo que muerdes? ¿sentir, en invierno, cómo se calientan las manos con la hamburguesa entre ellas? ¿masticar la carne y el pan que te llenan la boca?

No lo sé, pero como algunos de los recientes visitantes de Pantagruel han llegado tras buscar "hamburguesas en Coruña", por qué no, démosles información.

Existe en la callejuela que une la Plaza de Santa Catalina con la calle del mismo nombre un puesto de hamburguesas llamado Hut [ver en Tagzania]. Apenas tiene tres metros cuadrados, en los que se revuelve ágil la señora que lleva toda la vida atendiendo a los hambrientos transeúntes: a la derecha, la plancha, sobre los armarios y neveras con la materia prima; al fondo, los carteles anunciadores del género; a la izquierda, sobre una mínima mesita y al lado del tirador de cerveza, la pequeña y vieja tele, siempre encendida pero a la que nadie hace caso; en primer término, la barra, llena de botes de mostaza y ketchup. Fuera, dos mesas de Coca Cola y las correspondientes sillas de plástico, aunque pocos son los que se sientan para comer.

Por 2,40 €, es posible pedir la mejor hamburguesa con queso de la ciudad, alejarte paseando mientras la devoras y concluir, entre tanto peleas inútilmente por quitarte la grasilla del hocico con las servilletas de papel, que "sí, esto debe de ser gastronomía".

ACTUALIZACIÓN: Lamentablemente, todo lo bueno termina y el Hut ha cerrado. Tengo la esperanza de que solo sea temporalmente, por las obras en el edificio en el que se encontraba, pero no sé si es únicamente una esperanza.

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